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| Ruta MTB Cadalso de los Vidrios |
Hoy ha sido un día divertido. Después de haberme pormetido no volver a participar en una carrera de bicis multitudinaria, me liaron para participar en la tercera etapa del circuito de las cuatro estaciones de mountain bike de Fiat.
Nada menos que 1.400 ciclistas nos reunimos en Cadalso de los Vidrios para pedalear codo con codo (expresión literal en ciertos tramos).
En la primera subida un pelín técnica ratifiqué mi determinación de nunca jamás. Se formó el angustioso tapón que te obliga a bajar de la bici. Me solté las calas resignada, pero de pronto un chico decidido, que sin duda tenía experiencia en este tipo de carreras, pasó delante de mi sin bajarse de la bici y con pulmones lo suficientemente sobrados para ir pidiendo ¡paso por favor! Estuve rápida y tiré tras él. Y conseguí superar el tramo conflictivo sin bajarme de la bici. Super mallot se desmarcó de mi en seguida, en cuanto logró seguir avanzando sin tener que desgañitarse. Pero para entonces ya me había librado de los paquetillos.
Así que tiré millas hasta que se me salió la cadena. Entonces me tocó pararme otra vez. Y ahí tengo que reconocer que viví unos momentos de recuperación de fe en el hombre cuando comprobé que todos los que pasaban a mi lado me ofrecían amablemente su ayuda. Y no sólo por ser una rubia en mallas, no. La mismita amabilidad la vi yo con los gorditos con barba que se quedaban en la cuneta.
Así fui disfrutando cada vez más de una sorprendente ruta con un paisaje mucho más bonito de lo que me esperaba y unos tramos de lo más divertido.
Cabe destacar un momento muy gracioso en el que un chico a mis seis venía cantando eso de "¡por la izquierdaaaaa!", que es lo que se dice cuando se va a adelantar en un tramo estrecho para evitar acccidentes por inesperados cambios de dirección.
Le escuché un par de veces y me aparté cortesmente a la derecha, pero, o al final me pasó por arriba en un espectacular salto, o me da que se quedó a mis seis hasta el final de la carrera. Jijiji.
Es verdad que el mountain bike mola que te cagas, pero creo que las obsesiones no son buenas. Yo cuando rompí con mi ex a veces bromeaba cuando me planteaban si había habido una terecera persona.
-No. A no ser que una bici pueda considerarse una tercera persona.
Y durante un tiempo de trauma, cada vez que veía ciclistas pedalenado por la carretera un fin de semana por la mañana, bajaba la ventanilla y les increpaba,
-¡Malos padres! ¡Venga a casa con vuestra familia!
Hoy también me he enterado de que hay bicis de 9.000 euros. Y no me llameis paleta porque también me han contado que cuando Induarín dejó de correr y tuvo que comprarse su primera bici se quedó flipando con lo caras que eran.
Así que nada. Bicicletas más baratas y para toda la familia.

¡Jo, qué envidia!
ResponderEliminarA lo mejor el finde que viene, si no llueve me voy a hacer alguna rutilla. Las carreras las dejo para cuando esté en plena forma.
Qué emocionante! Qué narración más dinámica! Se siente uno pedaleando al leerlo!
ResponderEliminarY me encanta la moraleja: sí, con una vieja Orbea bien cuidada se lo puede pasar uno muy bien, solo o con la familia. Las carreras ya son otra cosa, claro...