sábado, 4 de abril de 2015

DE RUTAS Y AVENTURAS



La Tornería

Hoy era el último día en el Paraíso. Pero marcho con la sensación de haber saboreado cada segundo.
Este día en concreto ha sido de los más productivos que he vivido en mucho tiempo.
A eso de las 8.30 a.m. vinieron a mi cama mis dos despertadores a darme los buenos días como siempre, entre abrazos, patadas, babas y codazos.
El día en que dejen de hacerlo lo voy a echar mucho de menos...
Les puse una bonita canción a la que no prestaron mucha atención, pero que al menos me dejaron escuchar.
Bajamos a desayunar también escuchando música, bailoteando incluso y escuchando sus  ingenuas conversaciones.
Luego fueron apareciendo los menos madrugadores de la casa y yo me dispuse a dejar una fabada lista para poder aprovechar la mañana.
A las 12.00 conseguimos salir mi hermano, mi sobrina y mis hijos, ellos en bici, y yo con las mallas de correr dispuesta a asistir a quien lo necesitara, en un impresionante paseo por la montaña.
Volvimos a las 13.45 con las niñas agotadas. Mi hermano se quedó con su sobrino segando la huerta y yo aproveché la coyuntura para enganchar la bici y subirme el puerto de La Tornería, un paseo que para mi es todo un ritual.
Es una ruta de ocho kilómetros con un desnivel de 500 metros. Perfecta para desfogar en una hora disfrutando de un impresionante paseo que combina mar, montaña y bosque de eucaliptos.
Para mi es también un baremo de mi forma física, y me agradó comprobar que estoy completamente a punto.

De vuelta tuvimos visita. Unos amigos encantadores con los que compartimos comida y conversación.
Todos asturianos y orgullosos de serlo nos vimos envueltos en una conversación que se da mucho entre nosotros donde alabamos las maravillas de nuestra tierra. Especialmente destacable la anécdota de mi hermano que había atendido una llamada del 112 donde un madrileño alertaba preocupado que estaba viendo unas vacas a la intemperie.

De nuevo paseo por la tarde para bajar la fabada. Nos animamos a ir con los niños algunas bicis y hasta bebé con sillita. Y fue toda una aventura divertidísima.

A medida que los niños se cansaban de su situación íbamos cambiando los puestos. 

El que estaba en la bici con cambios, pasaba a la bici recia de fuerte pedaleo, el otro al transportín de la bici grande y entre medias, los adultos nos acoplábamos también. Uno asistía al de la bici recia, otro llevaba al niño en la bici y otro empujaba la silla.
Y así, sin pensar en la vuelta, conseguimos llegar felizmente a una playa paradisíaca donde pudimos tomarnos unas cervezas mientras los niños se entretenían en la playa.
Claro que hicimos algo de trampa. Realmente sólo uno, mi súper hermano, tuvo que volver a golpe de pedal. El resto fuimos rescatados en coche.

Siento que el blog de hoy sea más descriptivo que sensitivo, pero me entregué a la aventura y no me queda más. Y estoy oliendo que se está cociendo una cena riquísima abajo y los niños juegan tranquilos. Así que lo siento.
Mañana prometo currármelo un poco más.


Las aventuras con amigos son lo mejor del mundo.

Como veo que la serie Candy, Candy fue muy comentada en mi facebook. Y dada la nostalgia que despertó en mi, mi compañero José al mandarme la canción de la cabecera de la serie, aprovecho y la comparto.
Además esta chica siempre fue una aventurera.


No hay comentarios:

Publicar un comentario