| Aire Libre |
Desde hace ya unos años, al final de la primavera, un gran chaval que ya no sabe qué hacer para que le cojan el relevo, organiza una cena de antiguos alumnos de los Jesuitas en Madrid.
Un fiel cumplidor a esa cita es un gran amigo de mi padre al que aprecio mucho. Un hombre muy culto y sensible y que siempre está de buen humor.
El año pasado, charlando con él entre vinos y picoteo en la absolutamente recomendable HouseBeer de Madrid, de pronto sorprendió al corrillo que habíamos formado con una interesante pregunta:
-¿A que no sabéis cuáles son las tres potencias del alma?-, planteó, no recuerdo en medio de qué contexto.
Vergonzosamente ninguno de los ex jesuitas que estábamos allí tenía la más mínima idea.
-Memoria, entendimiento y voluntad-, alumbró.
Me quedé dándole muchas vueltas.
Por aquel entonces me daba la sensación de que andaba con el alma rota, pero no era así. Mi alma estaba perfectamente. Sencillamente estaba trabajando a toda máquina. No paraba de tirar de recuerdos para tratar de entender la situación tan caótica que estaba viviendo y poder así seguir avanzando en el maravilloso camino de la vida con la firme voluntad de seguir sacando lo mejor de mi misma.
Cada vez que me junto con mi hermano tenemos conversaciones filosóficas ligeras. De estas que te vienes arriba a medida que la botella de vino se viene abajo.
Anteayer surgió el debate de los aciertos y los fracasos en la vida. A la hora de tomar una decisión nunca tienes todos los datos que necesitarías.
Incluso, después de haberte metido en la empresa con toda tu voluntad, tampoco podrías precisar con exactitud porqué falló o porqué triunfó.
Pero si te fijas bien y miras tus acciones se te quedan grabadas (memoria). Y luego, cuando te ves en otra empresa siempre puedes apelar aquella experiencia para entender mejor la situación (entendimiento). Y me imagino que la seguridad que te va dando entender las cosas, aunque sean fracasos, hace que tu voluntad, lejos de renunciar fatigada, quiera seguir intentándolo (voluntad).
La cultura española tiene mucho miedo al fracaso. Para eso somos un poco puñeteros. En seguida vamos a señalar al fracasado y lo estigmatizamos. Por eso no intentamos cosas nuevas con toda el alma.
En EEUU, que es un país más joven, fresco y libre de prejuicios apoyan mucho más al fracasado.
Deberíamos tener presente que aquí solo fracasa el que se rinde para siempre. Y no es que haya que lanzarse a la ligera. Pero sí echar el alma, porque si te fijas en sus potencias el alma es irrompible por definición. El alma si la entendemos bien sólo puede hacerse cada vez más fuerte.
Hoy sí le he puesto sentimiento, ¿eh?. Y esto después de chuparme viaje con atasco, desmaletamientos y coladas.
Pero ya estoy en casa.
Feliz regreso al hogar para todos. Aunque esto suponga tener que separarse de la naturaleza, algo nos queda en el alma.
Dejo hoy el enlace a la secuencia final de la película "Átame". En ella, los protagonistas, ya liberados de todo su sufrimiento, cantan la canción de Resistiré, del Dúo Dinámico. Me gusta mucho lo que tarda en liberarse Victoria Abril, que es precisamente, la que peor lo ha pasado. Pero finalmente entra.
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