lunes, 27 de abril de 2015

LOS CHICOS DE MI VIDA

Nacho y yo. Cena de graduación de COU


Más de 20 años han pasado desde que alguien me sacó esta foto con uno de mis más queridos compañeros de clase de toda la vida: Nacho Suárez Urdangaray.

¿Qué tendrá recordar estos tiempos que nos pone tan nostálgicos? Sencillamente que en aquel instante teníamos toda la vida por delante. Las únicas puertas que abríamos eran las de la clase de lengua, matemáticas o latín. Y la más dura decisión a qué fiesta de NocheVieja iríamos a divertirnos, o de qué nos disfrazaríamos en carnaval. (Cualquier temática servía siempre y cuando se pudiera tunear con una falda muy corta) 

En medio de este frenesí de irresponsable adolescencia tengo que reconocer que las chicas fuimos un poco injustas con nuestros queridos compañeros de clase. Tuvimos la inmensa suerte de crecer en un colegio mixto con unos chicos maravillosos que nos permitieron comprender un poco mejor al género contrario. Siempre nos respetaron, defendieron y valoraron como potenciales caballeros (algunos más que otros). 

Y de pronto, cuando las hormonas empezaron a pedir guerra, nos fuimos a fijar en los más mayores (y si eran malotes incluso les perseguíamos). 

Pero donde las dan las toman y así fue que, recientemente, en una cena de conmemoración de nuestra promoción hace un par de Navidades, pudimos redescubrir qué pedazo de hombres habíamos dejado escapar en su día.

No creo que les importe a mis compañeras que confiese aquí mismo los comentarios generalizados entre las féminas del ´75.

- ¡Qué bien se conservan nuestros chicos!
- ¡Si es que están mucho más buenos que en COU!

Así es la vida...

No salió ninguna pareja de esta promoción de casi 100 alumnos. (Aunque algún rollete sí que hubo esa noche de graduación...) Y también se dió algún intento de noviazgo.

Nacho es uno de esos chicos maravillosos que tanto nos enseñó y tanto estaba dispuesto a aprender.

Recuerdo aquellas conversaciones en las gradas donde compartíamos inquietudes sexuales en las que él acababa pidiendo algún ejemplo práctico, "en plan amigos, oh!". 

Pues también tenía razón. Se estaba anticipando al concepto de follamigo, que últimamente triunfa. 

Aunque yo verdaderamente descubrí la llamada en Convivencias. Espero que los Jesuítas sigan manteniendo estos aleccionadores ejercicios espirituales. Entre reflexión y reflexión sobre la mejor manera de desarrollar nuestro ser, aquí me enteré de que una se podía masturbar con el grifo de la ducha. En cuanto llegué a casa, porque las duchas de aquellos cuartos eran antilíbido, me encerré con mi alcachofa a experimentar. No voy a entrar en detalles. Sólo diré que tardé bastante más en asimilar lo básico (yo y mis amigas, que también eran dadas al conocimiento empírico). Y que aprendimos todas bastante más cuando descubrimos los comix del Víbora que coleccionaba mi padre.

En fin, Nacho. Ya podíamos haber compartido todos un poco más, pero no creo que eso hubiera mejorado en absoluto el maravilloso recuerdo que yo tengo de los chicos de mi vida. (Incluidas las fotos de los calvos que os hicisteis algunos con mi cámara en aquellas convivencias. Que menuda vergüenza pasé en la tienda de fotos cuando abrí el sobrecito para comprobar que el revelado estaba bien y ví que se habían colado algunos pelos...)


Alphaville - Forever Young














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