martes, 14 de abril de 2015

LA PARADOJA DE ELEGIR



A raíz del artículo de las Start Up mi viejo y querido amigo Nacho del Río me recomendó una conferencia de Barry Schwartz titulada "Sobre la Paradoja de Elegir". Acabo de verlo y me ha resultado tan interesante que lo voy a comentar.

Aún no me quito de la cabeza su horrible look con shorts y calcetines blancos bastante subiditos. Pero le perdono porque el orígen de todo su pensamiento se basa en la dificultad que encontró un buen día para elegir los vaqueros adecuados.

Yo estoy completamente de acuerdo con él. Cuando era joven y virgen tenía unos preciosos Levis 501 que me sentaban como un guante. Me duraron un porrón de años. Pero un buen día se me rompieron del todo. Recuerdo que los estiré hasta llevarlos con gallumbos por debajo para que no se me vieran las nalgas por el roto del trasero. Eso estuvo de moda. (Aún conservo una foto con mi amiga Maite. Las dos al lado de un Vespino ALX enseñando gallumbo con flores de libery. Una pena que mi amiga no me deje ponerla)

El caso es que de pronto irrumpieron otras nuevas marcas y lo peor es que empezaron a sacar modelos y modelos pero ninguno como aquel 501.

Ahora por curiosidad me acabo de meter en la página de Pepe Jeans y he flipado en colores:
Primero tienes que elegir si lo quieres slim o regular; luego el modelo: Ariel, Banji, Divine, Venus, New Brooke, Pixie o Jenni; y luego el tipo de lavado: claro, medio, oscuro o negro.
Podrías pensar que es cuestión de dar con tu modelo, pero el problema es que a mi me duran mucho los vaqueros y para cuando me voy a comprar otros ya no existen los que me gustaban.

Esto lo viví en su día también con mi ex. Hay que reconocer que en caso de los hombres es más duro.
El pobre también es austero, de los que usan los vaqueros hasta que se puede averiguar qué gallumbos lleva debajo.
En su día me pidió todo emocionado que le acompañara a comprarse un modelo de Pepe Jeans con el que había conseguido reemplazar los inigualables 501 de la época. Pero cuando llegamos a la tienda descubrimos con estupor que también se habían extinguido.
La señorita muy amable trató de ayudarle a encontrar algo parecido. Imposible. Tengo que reconocer que a mi también me parecieron todos demasiado modernillos. (El culo caca ese no va conmigo. Casi prefiero el look Cachuli)

Barry Schwartz vivió este mismo episodio y como parece que se come el tarro más que yo escribió un libro acerca de ésto. 

Se quedó pensando por qué salía tan frustrado después de haber tenido tanta libertad de elección. Llegó a una serie de conclusiones que explican por qué cuantas más opciones de elección tenemos más miserables llegamos a sentirnos.

Para explicarlo voy a contar una anécdota de mi querida madre y su infatigable búsqueda de perfección.

Cada vez que teníamos que instalarlos en algún sitio, en la playa o en un restaurante, mi madre hacía una exhaustiva labor de campo probando cada rincón a ver cuál era más agradable. Al principio itinerábamos aparatosamente con ella, pero luego mi padre nos emplazó a esperar discretamente en un segundo plano hasta que se dediera a llamarnos con una enorme sonrisa.
Aún así eran muchas las veces que sufría lamentándose de su mala elección porque en la otra mesa atendían antes o en aquella esquina te molestaban menos los que jugaban a las palas.

¿Por qué elegir entre muchas opciones te hace tan miserable? se plantea Barry Schwart.

1. Por un arrepentimiento anticipado. Si sólo puedes elegir una cosa entre muchas, vas a lamentar ya de antemano todas las que desechas. No sé vosotras, pero a mi mañana me dan la opción de cenar con Brad Pitt, Tom Cruise, Cristian Bale o Hugh Jackman y la elección la tengo clara porque Tom es Tom, pero os garantizo que iba a sufrir bastante por las otras renuncias.
 
 
Tom Cruise

Cristian Bale
Hugh Jackman
Brad Pitt


 ¡Qué buena excusa para juntar a tanto tío bueno!


2. Amplias expectativas. Cuantas más opciones te dan, más te da la sensación de que alguna de ellas tiene que ser la caña. Lejos de la realidad, cuantas más opciones, más mojoncillas suelen ser todas. El ejemplo más claro es el buffet libre. No vuelvo a comer en uno de esos en mi vida. 
En cambio en Asturias conozco un sitio (que no voy a confesar a no ser que me inviteis) donde sólo dan fabes y están que te mueres.

3. Autoculpa. Si no tenías elección siempre puedes decir que no tenías elección. En cambio cuando te equivocas entre tantas opciones te suele dar por pensar que eres gilipollas. 

Conclusión. Era mejor aquella época en la que a los vaqueros los llamábamos Levis. Claro que yo también tenía unos años menos y veía las cosas de otra manera.

Al menos conservo a mi amiga Maite (y la foto). Y a Nacho del Río, que siempre tuvo muy buen gusto con la ropa.

Anuncio de Levi's (1991) Pool Hall, con música de Clash (Should I stay or should I go)







 


4 comentarios:

  1. Era un aplauso... Yo ahora uso G star :-)

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  2. La libertad tiene un precio muy alto, ciertamente... Y a más libertad, más alto el precio. Por otro lado, me temo que siempre acaba uno siendo esclavo de algo, o de alguien, o incluso de alguna idea... (Porque dependemos de todo aquello que nos gusta, no?) Pa mí que esto de la libertad es un mito, o está sobrevalorada en nuestra sociedad, o la confundimos con consumir...
    En cualquier caso, yo también te aplaudo el artículo: ¡bravo!

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