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| Peinado coronación Elsa |
| Peinado coronación Alicia |
Creo que fue la Ministra Ana Mato la que se lució cuando le preguntaron cuál era su mejor momento del día y contestó muy enrollada: "cuando veo cómo visten a mis hijos por las mañanas".
Pues ella se lo pierde. Arreglar a los niños por la mañana para ir al cole es un desafío mucho más interesante y enriquecedor que acudir al teatro del Congreso.
Pero eso sólo lo sabemos unas pocas madres privilegiadas.
Casi todas las mañanas me despierta un pequeño invasor que se mete en mi cama. El primer reto es averiguar si se trata de Alejandro o de Alicia. En seguida lo resuelvo porque la pequeña lo primero que hace es abrazarme muy fuerte; él en cambio se hace un poco el duro y tarda más en buscar el contacto físico, pero le delatan los suspiros de satisfacción máxima y luego se deja sobetear como un gato de angora. En ocasiones acaban viniendo los dos.
Siempre les digo que se duerman hasta que suene el despertador. Hoy Alejandro me hizo caso, pero cuando sonó la canción que tengo programada para animarme a enfrentarme a la realidad matinal, se activó como los payasos con muelle de las cajas sorpresa. Grapó el móvil y empezó a ponerme canciones varias jugando a ver si adivinaba cuál me gustaba más.
Es incríble el manejo que tienen de las nuevas tecnologías.
- Mamá, ¿ésta te gusta? -preguntaba entusiasmado.
- Si, hijo, me encanta -respondía yo con los párpados aún pegados.
- A mi también. ¿Y esta? -continuaba poniendo otra y otra.
Al final acabó dejando una que le pedí escuchar hasta el final con lo que conseguí que replegara un poco su abrumadora energía. Entonces decidió contarme su sueño. Por lo visto había soñado que un ladrón había venido a casa a robar. Primero había robado a su hermana y luego me había robado a mi.
- ¿Y tu qué hiciste? -pregunté preocupada.
- Yo. Pues quedarme sólo - señaló como respuesta evidente.
(No se puede negar que es un chico valiente)
En cuanto me puse el chip de interpretar lo vi claro. El día anterior le habían robado el álbum de cromos de la liga y el chaval es tan duro que ni siquiera me lo había contado. Me tuve que enterar por otro compañero. Sé que le dolió muchísimo porque además tenía casi todos los cromos ya. Y le había hecho muchísima ilusión coleccionarlos. Pero no volvió a hablar del tema.
- Ya sé porqué soñaste eso -respondí sabiendo que captaría plenamente su atención desde ese instante. Aproveché y le expliqué lo que eran las preocupaciones. Traté de hacerle comprender la poca importancia que debíamos darle a la pérdida de cosas materiales. Le dije que lo grave era perder a un amigo. Entonces me habló de que ayer también casi había perdido a un amigo porque le había contestado mal. Charlamos y charlamos de madre a hijo hasta que aparceció su hermana, sigilosa como una pantera y ya nos levantamos todos a desayunar.
Aquí suelen pelearse un poco mientras yo preparo los desayunos en una especie de calentamiento matinal rutinario, como quien hace estiramientos. Al final lo resuelvo pidiendo a uno de los dos que me ayude.
Luego nos sentamos a ver Doraemon mientras trato de aleccionarles para que no coman como cerdos y se acaben toda la leche. (Este momento suele ser bastante traquilo siempre que haya galletas para los dos en abundancia. O al menos galletas pares.)
La peor etapa es la final. La de vestirse. Tienen una capacidad asombrosa para remolonear y engañarme haciéndome creer que no saben ponerse ni un calcetín. Y yo pico una y otra vez.
Hoy ya salíamos con tiempo de sobra cuando mi hija, con su dulce vocecita acompañada de un puchero demoledor me dijo,
- Mamá. ¿Me haces el peinado de la coronación de Elsa? Por fa. Por fa...
Y el otro de coro,
- Y a mi una cresta de Ronaldo.
Al final mi pobre hijo se quedó sin cresta. (Reconozco que lo de pringarme las manos con gomina lo llevo mal. Pero es que además no llegábamos. Pero va, mañana prometo que se la hago)
Pobre Ana Mato. Menudo rollo de vida que tienen algunas.
El otro día me comentaba una amiga, madre de cuatro hijos, que había decidido sacrificar su vida laboral para atenderlos mejor, que nadie se lo valoraba. De hecho éste tipo de comentarios es muy común entre las madres que tratamos de pasar más tiempo con nuestros hijos aún a costa de renunciar a nuestra carrera profesional.
Yo siempre respondo que debemos valorarlo nosotras mismas, porque por mucho que nos quiera engañar la sociedad de consumo, no hay mayor valor para una madre que poder compartir tiempo con sus hijos.
Os dejo con mi canción despertador.
"When I find Love Again", James Blunt.

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