| ESPARTANOS DE ASTURIAS |
No soporto a los niños lloricas. Me ponen nerviosísima. De hecho sólo hay una cosa que me pone más nerviosa: La mamá gallina que suele haber detrás.
Hacía mucho tiempo que no me veía alterada por uno de estos niños moco. Pero hoy la he tenido.
Venía con mis hijos y un vecino de recuperar un balón que se había colado al otro lado de la urbanización. Alejandro está ahora en la etapa de ir pegado al balón. A donde quiera que vamos se lleva la pelota, aunque luego no juegue con ella. Me he dado cuenta de que muchas veces la utiliza como llave redonda para colarse a lugares donde sólo le dejaría acceder con la excusa de recuperarla. De hecho la semana pasada nos acabó abriendo a todos la puerta de Urgencias del hospital de Majadahonda. Afortunadamente se quedó en una contusión de la muñeca. Poca cosa después de haberle parado la caída de cabeza de una valla de tres metros de altura con atascamiento de pie, eso sí, sin soltar el balón.
El caso es que pasamos delante de una terraza y un niño les llamó y les sacó la lengua. Ellos comenzaron a insultarle llamándole "culo gordo", "caca blanda" y ese tipo de insultos pueriles tan graciosos. Entonces él llamó llorando a su madre y pude oír cómo le decía,
-Mamá. Esos niños se han burlado de mi.
Pero todo esto llorando a moco tendido como si le hubieran pegado con sangre.
Y la madre, con una voz de grimosa surround,
-Pobrecito. ¿Se han burlado de ti? ¿Qué te han dicho?
Y yo conteniendo mis ganas de de contestar,
-Se han quedado muy cortos señora, porque su hijo es un chivato de mierda, niño moco, cobarde, cizañero y concitador.
Luego coincidimos en el parque y vi cómo el enano grimoso le señalaba a su hermano mayor quiénes se habían burlado tanto de él. Me acerqué y le pregunté muy tranquila y educadamente por qué señalaba a mi hijo y a su amigo. Entonces se replegó como una vieja rezando el rosario con un limón en la boca y soltó su letanía de sufridas burlas entre lágrimas mientras se alejaba imagino que buscando a su mamá.
Pensaréis que no es normal ponerse así por unos desencuentros infantiles. Pero es que yo arrastro un trauma de cuando mi hijo tenía cuatro años. Un episodio con el que sufrí mucho y del que por fin me puedo reír.
Un día llegué a recoger a mi hijo a uno de esos cumpleaños de Parques de Boas que tanto me han llegado a horrorizar, aunque en su día también recurrí a ellos. Con mi mejor rollo pregunté a un corrillo de madres que qué tal se lo habían pasado.
-Bueno. Pues tu hijo Fulanito ha estado pegando a todos los niños del cumple, -me dijo una cursi con cara de Rottenmeier.
Ahí empezó una larga historia de persecución de niño moco con mamá gallina que tampoco voy a narrar para no dar la chapa, pero que fue absolutamente vergonzosa. Yo creo que podía haberla denunciado a UNICEF.
Al final me enteré de que mi ex marido había ido al colegio con el hermano de Rottenmeier y según me acabó confesando le había vacilado bastante.
Mi hijo es bastante bruto, pero es noble como él solo. Y valiente. Y deportivo. Un Leónidas bastante incomprendido en estos tiempos de nenazas que corren.
Pero una madre espartana como yo no podría estar más orgullosa de su hijo. Y también del padre de la criatura, por supuesto. (Habría que ver al hermano de la Rotten...)
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