viernes, 17 de abril de 2015

CUENTOS DE SIRENA





Hoy estoy exultante como los devotos aficionados cuando gana su equipo, aunque el motivo no tiene nada que ver.

Me han hecho mi primer encargo narrativo y no podía ser más bonito.

Ayer me llamó mi amiga Arancha para proponerme escribir un cuento para niños que luego tendré que contar en varias actuaciones los fines de semana del mes de mayo.
Si me hubiran dado a elegir qué trabajo querría desarrollar ahora mismo no se me habría ocurrido algo mejor. 

Lo mismo me pasó luego con las premisas de los personajes que debía incluir en el cuento. Un reino acuático llamado Katlantis, una princesa sirena (yo misma), un príncipe tritón y algún mágico animalillo de mar.

No os lo puedo contar aquí, pero prometo avisaros cuando sea la actuación para que vengais a escucharlo. Aviso que hay que ir con niños. (Yo alquilo un par de ellos bien educados y muy intercativos)

Investigando sobre el tema de las sirenas encontré una historia preciosa que nunca había oído. Esta sí os la voy a relatar.

Los niños de ahora descubrieron la existencia de estos seres mágicos de la mano de Disney. Imagino que ya sabréis la historia:

Ariel, hija del rey Tritón, es la princesa de las sirenas. En la celebración de su 16 cumpleaños tiene claro su regalo. Quiere conocer a los humanos. A pesar de las advertencias de su sabio padre se sale con la suya, (como buena adolescente inteligente). Consigue que la bruja Úrsula la ayude a subir a la superficie. Oportunatmente salva de morir ahogado a un hermoso príncipe, Eric, cuyo barco acaba de naufragar y del que se enamora perdidamente, por desgracia. Por desgracia también Eric piensa que fue otra la mujer que le rescató. Una normal, con dos piernas. Ariel desesperada accede a que la bruja la convierta en humana a cambio de perder su voz. Muda y todo consigue que el príncipe se fije en ella, pero sólo un poco. En el fondo considera que debe compormeterse con la mujer que le salvó la vida, aunque sólo sea por pura gratitud. (Ya estamos con práctico sentido del deber del género masculino)
Al final todo sale bien. Ariel recupera su dulce voz con la cual consigue que Eric se entere un poco de qué iba la vaina realmente y se enamore perdidamente de ella. 
And they lived happily ever after...

La película está muy bien hecha, hay que reconocerlo, pero pierde por completo el sentido profundo, romántico y realista que lleva en esencia el cuento original de Hans Christian Andersen. (Recomiendo escuchar Adagio In G Minor For Strings And Organ, de Albinoni, para llorar más)


Nuestra sirenita también soñaba con el mundo de los hombres. Cuando cumplió los quince años le fue permitido asomar la nariz a la superficie. Pero también tuvo la desgracia de que un apuesto capitán se cayera al agua sacudido por una tormenta. La valerosa sirenita logró agarrarlo entre sus brazos. Nadó durante horas luchando con toda su voluntad hasta lograr depositar el cuerpo de su amado hombre sano y salvo sobre la arena de la playa. 
Su larga cola de sirena no le impedía abrazar con todas sus fuerzas a ese joven inconsciente que ya nunca podría apartar de su mente. Así permaneció amarrada a él, dándole todo el calor que pudo hasta que un murmullo de voces la obligó a esconderse en el mar.

-¡Corran! ¡Corran! -gritó una cursi dama de forma atolondrada- ¡Hay un hombre en la playa! ¡Está vivo! ¡Pobrecito...! ¡Ha sido la tormenta...! ¡Llevémoslo al castillo!

La primera cosa que vio el joven al recobrar el conocimiento, fue el hermoso semblante de la más joven de las tres damas.

-¡Gracias por haberme salvado! -le susurró a la bella desconocida.

La Sirenita, desde el agua, se percató de la confusión de su amado sin poder hacer nada.

Nadó sin ganas hacia el mar abierto. Lenta como si toda la fuerza del océano tirara por ella en dirección contraria. ¡Oh! ¡Qué maravillosamente eternas habían sido las horas que había pasado junto a aquel joven!
Cuando llegó al hogar paterno, la Sirenita empezó su relato, pero de pronto sintió un nudo en la garganta y, echándose a llorar, se refugió en su habitación. El mundo se había parado para ella.
Sólo la Hechicera de los Abismos podía socorrerla. Pero, ¿a qué precio? A pesar de todo decidió consultarla.

-¡...por consiguiente, quieres deshacerte de tu cola de pez! Y supongo que querrás dos piernas. ¡De acuerdo! Pero deberás sufrir atrozmente y, cada vez que pongas los pies en el suelo sentirás un terrible dolor. Como si pisaras una alfombra llena de cuchillas que te atravesara los pies.

-¡No me importa -respondió la Sirenita firme- a condición de que pueda volver con él!

¡No he terminado todavía! -dijo la vieja sádica-. ¡Deberás darme tu hermosa voz y te quedarás muda para siempre! Pero recuerda: si el hombre que amas se casa con otra, tu cuerpo desaparecerá en el agua como la espuma de una ola.

-¡Acepto! -dijo siempre sin dudar la Sirenita. Se dirigió a la playa y, en las proximidades de su mansión, emergió a la superficie; se arrastró a duras penas por la orilla y se bebió la pócima de la hechicera.
Inmediatamente, un fuerte dolor le hizo perder el conocimiento. Cuando volvió en sí, vio a su lado, como entre brumas, a su amado sonriéndole. El príncipe, reviviendo empáticamente su naufragio, cubrió tiernamente con su capa aquel cuerpo que el mar había traído.
-No temas -le dijo con cariño-. Estás a salvo. ¿De dónde vienes?
Pero la Sirenita, a la que la bruja dejó muda, no pudo responderle.
-Te llevaré al castillo y te curaré.

Durante los días siguientes, para la Sirenita empezó una nueva vida: llevaba maravillosos vestidos y acompañaba al príncipe en todos sus paseos. La bruja no había exagerado lo más mínimo con respecto al dolor que sentiría al caminar, pero no le importaba. Sentía que eran felices juntos. Sin embargo, el joven aún tenía su corazón comprometido con la desconocida dama que supuestamente le había rescatado del naufragio.
Desde entonces no la había visto más porque, después de ser salvado, la desconocida dama tuvo que partir de inmediato a su país. Cuando estaba con la Sirenita, el príncipe le profesaba a ésta un sincero afecto, pero no desaparecía la otra de su pensamiento. Y la pequeña sirena, que se daba cuenta de que no era ella la predilecta del joven, sufría aún más. Por las noches, la Sirenita dejaba a escondidas el castillo para ir a llorar junto a la playa.
El destino quiso ser más cruel aún y decidió traer de nuevo a la dueña del corazón de su hombre. Se casaron ante el terrible dolor de la sirenita y se embarcaron en un romántico viaje de novios. (Romántico para ellos. Tortuoso para nuestra fuerte heroína que también fue invitada)

Al caer la noche, la Sirenita, angustiada por haber perdido para siempre a su amado, subió a cubierta. Recordando la profecía de la hechicera sólo pensaba en sacrificar su vida y desaparecer en el mar. De pronto escuchó la llamada de sus hermanas:

-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¡Mira! ¿Ves este puñal? Es un puñal mágico que hemos obtenido de la bruja a cambio de nuestros cabellos. ¡Tómalo y, antes de que amanezca, mata al príncipe! Si lo haces, podrás volver a ser una sirenita como antes y olvidarás todas tus penas.

La Sirenita se dirigió como una autómata hacia el camarote de los esposos. Cuando su la sombra del cuhillo eclipsó el rostro durmiente de su amado se quedó paralizada. Lo único que pudo hacer fue depositar un beso furtivo en sus labios. Cuando ya amanecía, arrojó el arma al mar, dejó caer una última lágrima de agua dulce sobre la cubierta y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma.

Pero lejos de desaparecer para siempre fue reclamada por las hadas del viento. 
-Debes venir con nosotras. Has demostrado tener el corazón y la voluntad necesarios para elevarte al mundo de los espíritus del aire. Desde aquí ayudarás a salvar las vidas de los corazones más puros que el mar quiera tragarse antes de tiempo. 

Sólo una vez más la sirenita echó la vista abajo para comprobar cómo el capitán mantenía su mirada nostálgica y perdida en el horizonte.



FIN

 

Queen - You Take My Breath Away

(Para Marigel. A ver si la conocías...)














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