miércoles, 15 de abril de 2015

¿ESTADO? JODIDAMENTE BIEN, GRACIAS

TIEMPO MUERTO



Ayer estuve hablando con varias buenas amigas y llegué a la conclusión de que aún no estoy bien. 

Metafóricamente siento como si me hubiera bajado de un tren que estaba descarrilando y ahora no me atrevo a subir a otro. 

Y ahí estoy, sentadita al pie de las vías, con mis hijos al lado, pensando a ver cómo demonios me subo otra vez al tren y tratando de vaciar el mayor equipaje posible.

No tengo miedo, pero creo que es importante subir en el momento adecuado. 
 
Cuando ayer me llamó mi amiga Mónica iba felizmente conduciendo el coche camino de la clase de teatro. Lo primero que me preguntó fue 

-¿Qué tal estás?

-Jodidamente bien-, le respondí entre risas que se contagiaron al instante.

Me interesé mucho por su aventura haciendo el camino de Santiago esta Semana Santa. Me contó que fue una sufrida experiencia muy enriquecedora. Por lo visto coincidió con otra recién divorciada (somos una plaga) que estaba bastante más perjudicada que nosotras porque, por lo visto, no conseguía aderezar la situación con el más mínimo sentido del humor.

Estoy convencida de que el sentido del humor es la mayor tabla de salvación del sentimiento humano, por no asegurar que es la única. 
De acuerdo que hay cosas que en una primera instancia no tienen ni puta gracia, pero hay que buscársela como sea.

El otro día en teatro comentaba mi querido Fabu una anécdota de una abuela de un amigo suyo que había tenido la enorme suerte de casarse con el hombre de su vida. Habían vivido el uno para el otro y cuando él falleció jamás pudo adaptarse a su ausencia.
Su cerebro desarrolló una especie de Alzeimer a medida y se convenció de que él aún seguía vivo. Al principio resultaba muy doloroso, porque, después de preguntar varias veces que dónde estaba su maridito y que a ver cuándo volvía a casa, le tenían que contar una y otra vez que estaba muerto. Ella sufría la angustia del disgusto de la noticia cual suplicio de Tántalo. Pero al final desarrolló también un lúcido sentido del humor. Un día, cuando todos estaban preparados para el consuelo habitual les sorprendió esbozando una pícara sonrisa.

-Menos mal, -manifestó entusiasmada-. Al menos no me está engañando con otra.

Desde entonces se apoyó en este inteligente consuelo que suspuso un gran alivio para todos.

Pues yo igual. Cuando me preguntan que qué tal estoy pienso que al menos nadie me está engañando con otra. Así que cómo voy a estar. Jodidamente bien, gracias.

Muse - Feeling Good








2 comentarios:

  1. Jodidamente bueno. Lástima el descarrilamiento...

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  2. Para que te rías un poco...

    Una pareja está preparando el divorcio. La mujer dice:
    - Yo me quedo con el crío.
    A lo que el marido contesta:
    - ¿Y eso por qué?.
    - Pues porque es mío, no tuyo.
    - ... ¡pero si tampoco es tuyo!.
    - ¿Cómo que no?. ¿Y quién lo parió?.
    - No sé. ¿Tú te acuerdas el día que nació, estando en maternidad, que se cagó y me dijiste que lo cambiara?.
    - Sí.
    - Pues ¡LO CAMBIÉ!.

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