martes, 12 de mayo de 2015

VENIMOS DE LA CACA


Atlantis


El final del capítulo 2 del Gen Egoísta me ha dejado estupefacta. No sé por dónde empezar a escribir. Me siento supermierdecilla.

Me acabo de enterar de que venimos de la caca. Pero eso es sólo el principio. El final es peor. 

Resulta que aquí para sobrevivir hay que buscar la estabilidad. Ya sabemos que en este universo todo se reduce a átomos. Los átomos, por sí solos no pueden hacer gran cosa, pero cuando una buena energía les sacude, forman moléculas más interesantes. Cuando estas moléculas son lo suficientemente estables, se pueden ir agrupando a otras moléculas para formar estructuras cada vez más complejas. La hemoglobina de nuestra sangre es una típica molécula de proteína. Cada una de ellas está formada por otras 574 moléculas de aminoácidos que a su vez contienen una docena de átomos bien organizados. Esta estructura se repite en nuestro organismo seis mil millones de millones de veces y nace y muere a razón de cuatro millones de millones por segundo. La estabilidad de un sistema tan complejo es lo que permite que perdure. 

Ahora bien. ¿Cuál es la molécula de la vida? Para averiguarlo, los científicos han intentado imitar las condiciones químicas de la Tierra en su etapa joven. Han colocado en un matraz sustancias simples como el agua, el dióxido de carbono, el metano y el amoníaco. Después han aplicado una fuente de energía como la luz ultravioleta. Al cabo de unas semanas suele descubirse algo muy interesante. Resulta que se crea un débil caldo que contiene una gran cantidad de moléculas más complejas que las que se pusieron en su momento, en concreto aminoácidos (moléculas biológicas por excelencia).

Biólogos y químicos creen que este pudo haber sido el origen de la vida. Unas determinadas sustancias orgánicas se concentraron en determinados lugares creando un "caldo primario". Probablemente con el calor del sol las sustancias se fueron combinando en distintas moléculas hasta que, en una de estas, una de esas moléculas creó una copia de sí misma. Richard Dawkins, que ya veo yo que es muy peliculero, la llama el replicador. Ésta divertida molécula va y se divide en dos y a partir de ahí, como los Gremlins cuando se mojan.

Resulta interesante matizar varios aspectos:

1. Los equivalentes modernos del primer replicador, las moléculas de ADN, emplean la replicación positivo-negativo.

2. Al hacer las réplicas a veces se cometen errores dando lugar a moléculas distintas. Pero éstas, en ocasiones, resultan más efectivas que las otras, dando lugar a una evolución.

Así que los genes nacen de la estabilidad, pero evolucionan gracias al cambio.

De hecho, a pesar de que por lógica, los replicadores más fértiles, más estables y con mayor fidelidad de replicación, serían los que sobrevivirían, llegó otro fáctor super importante: la habitabilidad del medio.

De pronto el caldo de vida, que yo me lo imagino muy parecido a una charca de renacuajos (de ahí el título del blog), se empezaba a quedar pequeño para acoger a tanta molécula.

A partir de aquí transcribo literalmente a Richard porque no sabría redactar un final más intrigante.

Los replicadores que sobrevivieron fueron aquellos que construyeron máquinas de supervivencia para vivir en ellas. Las primeras máquinas de supervivencia consistían, probablemente, nada más que en una capa protectora. Pero ganarse la vida se hizo cada vez más duro a medida que surgían nuevos rivales con mejores y más efectivas máquinas de supervivencia. Las máquinas de supervivencia se hicieron más grandes y más elaboradas, y el proceso fue acumulativo y progresivo.
¿Llegaría a tener algún final este gradual perfeccionamiento de las técnicas y artificios empleados por los replicadores para asegurarse su propia continuidad en el mundo? Habría mucho tiempo disponible para su perfeccionamiento. ¿Qué misterioas máquinas de autopreservación producirían al cabo de milenios? En cuatro mil millones de años, ¿cuál sería el destino de los antiguos replicadores? No murieron, porque son maestros en el arte de la supervivencia. Pero no se les debe buscar flotando libremente en el mar; ellos renunciaron a esa desenvuelta libertad hace mucho tiempo. Ahora, abundan en grandes colonias, a salvo dentro de gigantescos y lerdos robots, encerrados y protegidos del mundo exterior, comunicándose con él por medio de rutas indirectas y tortuosas, manipulándolo por control remoto. Se encuentran en ti y en mi; ellos nos crearon, cuerpo y mente; y su preservación es la razón última de nuestra existencia. Aquellos replicadores han recorrido un largo camino. Ahora se les reconoce con el término de genes, y nosotros somos sus máquinas de supervivencia.

¿Cómo se os queda la máquina de supervivencia? A mi casi se me para.

Somos robots manipulados por nuestros genes. Pero es todo para sobrevivir.

Igual tengo que escuchar más a mi gen egoísta... 

¡Caca de vida! 


I´Will Survive, Gloria Gaynor




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