viernes, 15 de mayo de 2015

LA MATERNIDAD EN EL SIGLO XXI

De 10 a 12



Ayer tuve un terapéutico día de mujeres. 

Por una casualidad de concentración de agenda estuve intercambiando agradables encuentros con distintas amigas en contextos muy dispares. 
Comí en la House Beer con Carmen y Camino, amigas del colegio de toda la vida. Luego me tomé un café con Claudia, la hermana del último hombre que me hizo ensanchar el límite de mi capacidad de sufrimiento. Sin cuya inestimable ayuda probablemente seguiría sufriendo. Y por último fui a buscar a Mónica a su nueva casa de divorciada para salir a celebrar su cumpleaños con su grupo de amigas de toda la vida.

El denominador común es que todas son fuertes, independientes y divertidas. Mujeres evolucionadas, de las que llaman a las cosas por su nombre y se atreven a decir me palpita la pepita.

Especial conexión la tuve con Mónica. No os podeis imaginar lo que une esto de padecer un divorcio.

Nada más entrar en su casa sentí perfectamente, como ella, lo ajeno que le resultaba su nuevo espacio. Es difícil construir un hogar sin un hombre.

Hablamos de chicos. Me enseñó unas fotos de su selección de candidatos para whasapear. Tres. Me decanté clarísimamente por el segundo. Últimamente he desarrollado un ojo clínico para detectar hombres que merezcan mínimamente la pena.

El otro día la excuidadora de mis hijos me mandó la foto del chico de Badoo con el que había quedado. Me preguntó que qué me parecía. Le respondí que no se hiciera ningún tipo de ilusión. Es más, le dije que si tenía cualquier problema con él, me llamara. A las tres horas me llamó. La había dejado en un semáforo porque ella no había querido ir a su casa a ver el partido...

A Mónica, by the way, le dije que ya sabía lo que iba a pasar. Que veía cláramente que no estaba preparada para una relación estable. Pero que podía disfrutar de alguna relación esporádica siempre y cuando no la desestabilizara más.

Siempre me ha fascinado la inteligencia de esta mujer. Tiene una capacidad muy poco común que es la de absorver en un instante los datos valiosos de la realidad de manera objetiva, sabiendo perfectamente en qué punto se encuentra y sus posibilidades de acción sin llamarse a engaño. Eso y la habilidad que tiene de reirse con los ojos, me tienen completamente enamorada.
Ayer hubo un momento, hablando de la capacidad de su ex para hacerse la víctima, que más allá de la empatía que sentía por la situación que describía, me contagió la risa con la boca, pero luego también con la mirada. Y acabamos riendonos juntas como con toda el alma.

Antes habíamos ido a ver una obra de teatro de Cabaret titulada de 10 a 12, escrita y coprotagonizada por su amiga Mónica Caballero.

La obra comienza con una agonizante mujer de parto que clama por la Epidural. A partir de ahi hace un retrato muy real en tono de comedia, de lo que significa ser madre en el siglo XXI.

Se reflejan distintos tipos, todas con el denominador común de sentirse sólas y desbordadas. La obra merece la pena, sin ninguna duda. Es completamente catárquica para cualquier madre contemporánea. Las actrices se desenvuelven con una mezcla de heroísmo e ironía muy acertadas para reflejar las distintas maneras de sobrevivir a la crianza. A esas repetidas escenas diarias que, como se dice en un momento de la obra, nos hacen enfrentarnos una y otra vez a nuestros límites como mujeres. 
El último número musical, titulado "No puedo más", es maravilloso.

Es duro. Es muy duro ser madre en estos tiempos. Nos educaron en la autonomía y la capacidad de realizarnos plenamente como mujeres independientes en el mundo laboral. Pero la mujer, desde que se convierte en madre, está abocada a la esclavitud.
Recuerdo perfectamente el día en el que fui consciente de que mi libertad como tal se había terminado.  Tenía mi hijo tres meses y lo dejé con mi madre para subir a la base del Naranjo de Bulnes con mi padre y con mi ex. Por unas horas llegué incluso a olvidarme de su existencia. Pero, apenas llegamos a coronar nuestro destino, empecé a notar cómo se me hinchaban las tetas como una vaca lechera.
Tuvimos que bajar casi patinando entre las rocas. Y yo llegué a casa semibañada en leche rezando porque mi hijo me esperara muerto de hambre. 

Desde ese día pocas veces me he olvidado de que soy  madre, aunque últimamente voy asumiendo que soy una madre imperfecta. Constato que también me gusta sentirme mujer independiente en ocasiones. 

Estoy convencida de que, en la medida que los hombres nos ayuden y se impliquen más en la crianza de sus hijos, nuestra relación de pareja mejorará indudablemente.

Creo que la evolución apunta cláramente a una igualdad en el compromiso en la educación de los hijos. Donde los dos progenitores tengan el mismo espacio para realizarse a nivel individual y los dos mantengan el mismo nivel de implicación en la crianza.

Nada puede enamorar más a una mujer que ver a un hombre implicado en el cuidado de sus crías. Y nada puede desenamorarla más que percibir la ausencia de esa figura paterna.

Ahí lo dejo...



John Lennon - Mother




























1 comentario:

  1. Creo que el punto de partida que planteas de: "Estoy convencida de que, en la medida que los hombres nos ayuden ..." es erróneo, en tanto que partes de que "os ayuden", como si la cosa fuera de que vosotras os cagáis con el groso de las tareas y nosotros os quitamos alguna que otra, casi haciéndoos un favor.

    La cosa, pienso, va más bien (o debería ir), enfocada a hacer ver a vuestras parejas (presentes y/o futuras), de que las tareas se reparten de la misma forma en la que lo harían si estuvieran conviviendo con un colega. En estos casos, los que hemos tenido la oportunidad de convivir con otros tíos (en mi caso fue unos pocos meses nada más), sabemos de que va la cosa... a uno casi le sacudo un día que llegué de pasar el finde en Madrid y me encontré la cocina hecha una mierda, con las latas de atún abiertas sobre la encimera e incluso a alguna volcada. Creo que el tío aprendió más de convivencia en los meses que estuvo compartiendo piso, que lo que le debía haber enseñado su madre en toda su vida. ¡Ojo! Yo también aprendí, pero de forma proactiva, sin esperar a que nadie me dijera las cosas. Y bueno... aun así....

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