sábado, 9 de mayo de 2015

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ


Y caían mis besos alegres como brasas



"Lo que el viento se llevó" es mi película preferida. Su metraje desarrolla el despliegue más realista de la esencia del ser humano. La evolución de esa niña caprichosa y consentida, que ha nacido en las circustancias más favorables de su época, y que poco a poco va perdiendo todos sus privilegios, hasta verse completamente sóla en la vida, es maravillosa. Y no lo es menos su capacidad de lucha para resurgir de las cenizas, poniendo a Dios por testigo.

Duelen los cambios. Duele perder privilegios. Pero creo que una de las cosas que más duele en esta vida es perder un tipo de relación como tal. 

Por mucho que queramos reafirmarnos en nuestra capacidad de salir adelante solos, necesitamos relacionarnos con los demás para poder avanzar.

Las relaciones más fuertes de nuestra vida son las familiares y de amistad. Pero no hay relación más fuerte que la que estableces con tu pareja.

Recuerdo que mi ex solía decirme que mi vida no le importaba a nadie realmente. Que las personas, cuando llegan a su casa por la noche, cierran la puerta, se hacen la cena y se olvidan de los problemas del resto. A mi siempre me pareción un punto de vista un poco radical, pero llegué a compartirlo en gran medida. Comprobé que es cierto. 

Durante muchos años fui la persona más importante para mi exmarido. Y él lo fue para mi. Y, de pronto, te divorcias y pasa a ser un extraño. Ya no le importan tus problemas, en la medida que no afecten a los hijos comunes.  Y eso es duro de asimilar.

El resto de las relaciones de tu vida más o menos se mantienen. Las amigas son para siempre. Tus padres, primos, hijos y hermanos también. Pero, tu pareja, esa persona con la que compartías todas tus angustias, sueños, alegrías y tristezas, un buen día desaparece para siempre. No se ha muerto, lo cual casi es peor (desde un punto de vista psicológico). Sigue ahí. Pero de pronto te parece un extraño.

A mi me cuesta mucho ser amiga de mis ex. Haber compartido todo con una persona y de pronto conectar en, como mucho, un 15%, me resulta muy duro sentimentalmente. Me tengo que volver un poco zombi para interactuar.

Justo después de divorciarme me compré una camiseta de La Novia Cadáver, la peli de Tim Burton. Fue verla y sentirme plenamente identificada. Imagino que un divorcio te convierte en eso, en una especie de novia cadáver.

Desde que me divorcié me he planteado muchas veces la posibilidad de volver con el padre de mis hijos. Pero no acabo de verlo. 

Hoy, mientras hacía algo de tiempo para mi actuación de Cuenta Cuentos en El Corte Inglés de Alcalá de Henares, me entretuve ojeando libros. Di con uno que me llamó mucho la atención. "Tus diez minutos", de Chiara Gamberalde. 

Cortopego la sinopsis:

Todo aquello con lo que Chiara identificaba su vida, su casa, su columna periodística, su marido, ya no existe. Y no puede llegar a comprenderlo. ¿Cómo aceptar que tu compañero de toda la vida te abandone; que debas dejar la casa en la que has crecido; que tu trabajo pase a hacerlo otra persona? ¿Qué se puede hacer ante esta situación? Su terapeuta lo tiene claro: jugar, y el juego consiste en hacer cada día y durante diez minutos algo que no haya hecho nunca. Así, de diez en diez minutos, comprende cosas que jamás habría imaginado y que la llevarán a tomar decisiones sorprendentes. Con profunda originalidad, Chiara Gamberale nos enseña cómo el cambio, aunque temible, es necesario para avanzar, y demuestra cómo, minuto a minuto, es posible recuperar
las riendas de la propia vida.

Yo no he necesitado un terapeuta que me diga que tengo que hacer cosas nuevas porque desde que me divorcié no me ha quedado otro remedio.

Me gustó mucho un pasaje con el que me sentí plenamente identificada. A los meses de abandonarla, el cara dura de su ex le plantea la posibilidad de llevar una relación abierta. Ella le describe a su terapeuta lo que sintió:

Cuando me hizo esa propuesta, si podemos llamarla así, sentí como una mano que me agarraba de aquí, de la garganta, y me apretaba fuerte. Muy fuerte. Lloré. No podía parar de llorar. Fue un llanto distinto de todos los demás. Más que un llanto parecía un ataque de asma. Algo primitivo, bestial. No lloraba por el disgusto que me provocaba esa propuesta absurda. Lloraba porque la mujer de la que él hablaba cuando se refería a mi ya no se parecía a mi. Y lloraba porque, mientras él hablaba, no se parecía ya al hombre del que yo me había enamorado. Del que estaré siempre enamorada.

- Cambiar es mortal,- le comenta a su terapeuta al acabar. 

- Cambiar es vital,- le responde la psióloga.

Me di cuenta de que yo estoy igual. Ya no soy la misma persona que era cuando me enamoré de él. Ni él es el mismo que era cuando se enamoró de mi. Nadie tiene la culpa. En mi caso, afortunadamente, él se ha portado siempre como un verdadero caballero. Ni por lo más remoto se le ha ocurrido hacerme una propuesta como esa. Eso arruinaría toda la belleza que perdura en el recuerdo.

Es duro. Es muy duro tener que encontrarte con el hombre de tu vida y constatar una y otra vez lo que el viento se llevó.

A mi madre le gustaba mucho una película: Esplendor en la Hierba, de Elia Kazan. A ella le dedico este vídeo.

Aviso para ciertas divorciadas románticas que conozco, que el vídeo tiene un gran contenido lacrimógeno.


Poema VI de Neruda ("Te recuerdo como eras...") + Esplendor en la hierba



https://youtu.be/iCo_afgsW-w








 

No hay comentarios:

Publicar un comentario