| Mario Casas sufriendo por amor (dedicada a Vero) |
Hoy estuve chateando con una de las personas que más me ha hecho descubrirme a mi misma sin decirme nada.
Si tuviera que describir nuestra relación metafóricamente diría que fue como si cada uno le hubiera mostrado al otro su verdadero retrato de Dorian Gray, con sus 50 sombras incluídas.
Si tuviera que expresarla físicamente diría que fue como si nos hubiéramos subido a un ring a darnos de puñetazos con golpes bajos incluídos y sin árbitro, aunque con cierto descanso entre asalto y asalto, lo cual casi fue peor por aquello de prolongar la agonía.
Reitero que no hay culpables en esto del amor. Una relación es cosa de dos.
Evidentemente no llegamos a encajar juntos y cada uno se fue a curarse las heridas por su cuenta.
Como declaraba al principio, me sirvió mucho para conocerme a mi misma y eso ya merece la pena sobradamente.
Precisamente con él hablaba de mi nueva filosofía de la vida en la que no busco mucho más que sentirme productiva y divertirme lo más posible sin hacer daño a nadie.
No es una filosofía de vida nada simple, aunque lo pueda parecer. Mi profesora de filosofía de COU, Mari Carmen, alias "la mona"(por su innegable parecido físico con estos adorables primates como muy bien decía ella orgullosa de su mote) y de quien guardo un cariñosísimo recuerdo, solía desahogarse llamándonos Gozadores Sin Compromiso de los Bienes Superficiales de la Tierra.
Siempre me hizo mucha gracia la descripción. Nosotros lo encajábamos igual de bien que ella su apodo.
Pero yo nunca me sentí identificada. Más bien me veía como una agobiada que se comía el tarro más de la cuenta yendo demasiado al fondo de las cosas. ¿Si no de qué iba a estar aquí escribiendo este blog en lugar de seguir mi vida con más o menos foco?
Pero cada uno es como es. Creo que la fidelidad empieza por uno mismo y yo en eso aún no me he fallado.
Si tengo que confesar una adicción en mi vida es mi adicción al amor. Lo de la cleptomanía es cosa de Cordelia y sólo lo hace en caso de apuro...
No puedo evitar el hacer las cosas que hago con amor y no me sale hacerlas de otra manera.
Recuerdo que mi madrina, cuando cocinaba para nosotros y le decíamos que estaba muy rico nos decía:
- Es que está hecho con amor.
Quizás lo aprendí de ella. A mi hay personas que me dan mucho cariño y me apetece abrazarlas y estar con ellas. Y otras sencillamente no.
En los trabajos me ocurre lo mismo. Por eso jamás podría trabajar de puta, a no ser que amara a todos mis clientes, pero no veo plan.
Ahora me doy cuenta de que, cuando pierdes a un ser muy querido, te da una especie de síndrome de abstinencia muy chungo. Es como si tuvieras que llenar ese espacio como sea. El problema es que, en ese caso, el sentimiento se impone a la persona. Necesitas amar y sentirte amado con tal necesidad que te agarras a cualquiera, cuando ni siquiera estás capacitado para amar.
Me gustaría pensar que ya estoy rehabilitada pero quizás aún no he pasado el suficiente tiempo sola.
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