domingo, 3 de mayo de 2015

PROYECCIONES REALISTAS

Paisaje real



Hoy ha sido un día muy extraño.

Para empezar, en pleno día de la madre me faltaba un hijo. Pero es que esto de la divorciada Telerín estaba resultando muy duro. Meterte en el papel de una sirena con tus hijos dando por saco, aunque fuera bastante menos de lo habitual, es un curro agotador. Así que hoy dejé al varoncito con su padre.
Luego le eché de menos. Incluso pensé que total, con lo que me había costado conseguir que me llamaran Cordelia en lugar de mamá en público, tampoco me iba a alterar tanto la actuación.

Agradezco mucho a los que me habéis felicitado en este día. No me gustan nada "los días de", pero reconozco que luego me dejo llevar por el sentimentalismo. Además este ha sido el primer año en el que no he podido felicitar a mi madre y me ha dolido más de lo que pensaba. 

Así que allá que me he ido a contar el cuento de la Princesa Cordelia al Corte Inglés de Campo de las Naciones, ejerciendo más de sirena que de madre. Había muchísimo ambiente (al fin y al cabo esto del Día de la Madre es un invento suyo). El Corte Inglés resulta fascinante. Tienen de todo. Es como la máxima expresión del Estado del Bienestar (siempre y cuando tengas bastante saldo en la tarjeta). Y todo está impecablemente ordenado. 

Entonces robé. Sí. En el día de la madre. Aprovechando el despiste entre flores y perfumes robé. Bueno, virtualmente podría decirse que robó Cordelia.

El caso es que Cordelia necesitaba comprar un paquete de galletas para su actuación. Pero yo iba un poco pillada de tiempo. Ganó la ficción y decidimos encaminarnos al Hipercor (zona de supermercado de El Corte Inglés). Mucho dicen de Ikea, pero en estos Centros también deberían convalidar el Camino de Santiago. La diferencia es que aquí te topas con un empleado cada tres baldosas y te suelen indicar muy amablemente. 

El tiempo corría y cuando ya volvíamos galletas en mano a pagar y entrar al camerino me di cuenta de que, si esperábamos la cola de la caja no llegábamos. Así que me limité a despistar a mi hija para que no viera a su madre robando (porque eso sí que no) y salimos triunfales a contar el Cuento. 

Durante la exitosa actuación (hay que venderse) me sorprendió que mi hija no sólo no delató nuestro parentesco sino que se puso a contarle a Cordelia que su mamá Elena a veces le hacía algas (ella quería decir acelgas) para cenar. 

Vino a verme mi amiga Mónica también con su hija y luego nos fuimos a comer por ahí. 

Mezclando conversaciones de amor y ficción estuvimos hablando de creer o no creer. Como las dos venimos de la gran decepción de un divorcio, nos entendemos de puta madre hablando de estos temas. Nos entendemos tanto que ella estuvo toda la comida convenciéndome de que se estaba mucho mejor sin pareja. Cuando ya lo había conseguido se le escapó confesarme que la casa donde vive ahora es temporal hasta que encuentre a su príncipe azul...

Llegamos a la conlusión de que el sufrimiento con las decepciones viene provocado por proyectar demasiados sueños poco flexibles y sin ningún fundamento. Pero si proyectas con deportividad, sabiendo hasta dónde puedes llegar y lo que se te puede escapar, no tiene porqué haber dolor en ciertas renuncias. 

Así que proyectemos todo lo que podamos. Habrá pelis cortadas, finales tristes, sombras que se meten en medio y no te dejan seguir la historia. Pero se puede evitar el drama. Y si uno tiene paciencia siempre acaba encontrando un final feliz, aunque por el camino tenga que robar galletas.

No me lo quito de la cabeza. En el fondo soy tan legal que en la próxima actuación entraré con ellas en Hipercor para poder pasarlas por caja. 
Que os lo habéis creído...!!!!!

Por cierto que el que proyectó la idea de las nuevas galletas Príncipe no sé en qué estaba pensando. No caben para mojar en la taza. Eso sí que no puede funcionar.

¡Caca de Príncipes!



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