lunes, 25 de mayo de 2015

PREDICAR EN EL DESIERTO




Mojando los pies

Mi madre tenía un gran sentido del humor. Hoy se me vino a la mente una de sus graciosas expresiones recurrentes.

- No sé para qué me repito tanto. Si total, esto es como predicar en el desierto.

Pero es que la palabra no sirve para predicar. Yo me he dado cuenta de que, cuando pretendes conseguir un cambio de actitud en alguien, es imposible lograrlo por medio de la palabra. Hay que tener un grado de sensibilidad y una inteligencia inusuales para comprender una petición de este tipo.

Ya he constatado que los seres humanos somos muy egoístas (y lo hemos justificado por la necesidad de superviviencia). Pero el problema es que, en base a ese egoísmo, construimos un habitat también muy cerrado, para que nadie perturbe nuestra egoísta zona de confort.

Uno de mis grandes sufrimientos en la vida es constatar la falta de sensibilidad del ser humano. Lo que más me puede emocionar en esta sociedad es presenciar un comportamiento altruísta. Y lo que más me puede enfadar es constatar la práctica constante del amibolismoHablo de falta de sensibilidad porque creo que en el fondo todo se reduce a eso. A tener una mayor amplitud de mente y sentimientos.

Pero me siento ya gilipollas manteniendo este discurso. Y por eso he tirado la toga de predicadora y ya sólo me dedico a observar esos deleznables comportamientos tratando de mantenerme neutra.


El otro día, contando el cuento de La Leyenda de Katmandú en el Corte Inglés de Goya, volvió a aparecer una madre con su hija (que según pone en los dibujos tiene 3 años, aunque aparenta 4 y su comportamiento es de 2) que estoy convencida de que es hiperactiva o muy mal educada o las dos cosas. 

Llegaron tarde. La niña estuvo toda la sesión molestando. Y por si fuera poco, cuando acabé el cuento se puso a cambiarle un pañal en el santo suelo ante las caras de estupor del resto de padres. Para rematar la faena le hizo el dibujo casi por completo a su hija, como la otra vez, y dejó el pañal en el santo suelo.

Yo ya ni me inmuto con este tipo de comportamientos. 

Cuando empecé a educar a mis hijos en seguida aprendí que el secreto está en reforzar los comportamientos positivos y pasar por alto los negativos sin dramatizar mucho. Esto mismo me lo estoy aplicando al mundo adulto y me va bastante bien.

Cuando alguien se comporta de una manera para mi reprobable ya ni desgasto saliva. Intento pasar. Me doy cuenta de que no suele ser nada personal y pienso por lo bajo en una expresión asturiana, que usa mucho mi hermano y me hace mucha gracia: tira que libras. 

A cambio trato de reforzar mucho mis contactos con esas personas que son conscientes de que la libertad de uno acaba donde empieza la de los demás. Esas personas que dan sin esperar nada a cambio. Esas personas que cuando las llamas están. Y ya la repanocha, que os aseguro que existen, son esas personas que aparecen justo cuando las necesitas sin ni siquiera llamarlas.

Digamos que trato de reforzar mis relaciones con personas. Porque en esta vida hay personas y hay individuos.

Afortunadamente estoy rodeada de personas. Adorables y maravillosas personas a las que quiero mucho. Muchas gracias por estar ahí.

Y el resto, ... que tiren, que libran.



Birdy - People Help The People


https://youtu.be/OmLNs6zQIHo






 



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