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| Bután: El reino de la felicidad |
Quiero empezar el post de hoy pidiendo disculpas por el cambio de periodicidad en mi publicación.
Mis muy mejor seguidores no habéis tardado en manifestar cierto educado reproche, lo cual me llena de orgullo y satisfacción.
Por unos instantes me he sentido como cuando mi hija me pide que sea la primera mamá en recogerla del colegio. Con una especie de presión que en el fondo brota de un sentimiento que te embarga con tal fuerza que no te deja otra opción que entregarte por completo a la causa.
El sentimiento es el amor y el abandono (del egoísmo) es el compromiso.
En su día manifesté que me había enamorado del blog y había decidido escribir diariamente. Pero me lleva mucho tiempo y no se puede vivir de un blog. Al final las circustancias siempre se imponen al amor. Es simple cuestión de supervivencia. Por eso los románticos de verdad acaban suicidándose, como Larra.
Ojalá fuera más fácil vivir del pensamiento original. Pero, en esta cultura de TODO A 1 EURO, donde el objetivo es maximizar la audiencia al mínimo coste, eso es una utopía.
A mi también me va a costar dejar esta relación. Pero me quiero entregar a tratar de escribir algo más productivo desde el punto de vista comercial. (Maximizar la audiencia es la consigna)
La verdad es que esta sociedad es una vergüenza. Y lo que envilece su estructura de base es usar el dinero como moneda de cambio. Que no digo que tengamos que volver a la política del trueque. Pero desde luego permitía un intercambio económico mucho más humano.
- Si me arreglas la cisterna del water te regalo unos huevos de gallina que te chupas los dedos amarillos.
- Si me arreglas la cisterna del water te regalo unos huevos de gallina que te chupas los dedos amarillos.
Yo haría un sistema económico en función del comportamiento cívico de las personas. Todo individuo que nace recibe del Estado una cantidad y luego, en función de su comportamiento social puede ir ganando más o menos, según su esfuerzo y grado de compromiso con el medio.
Que no le das los buenos días a un vecino... te quitan dinero del saldo.
Que ayudas a cruzar la calle a la viejita... te dan.
Que pasas de educar bien a tus hijos... te quitan.
Que te molestas en corregirles un mal comportamiento.... te dan.
Que le robas la plaza de aparcamiento a otro y encima le insultas... te quitan el coche. (Y estaría genial que se lo dieran al otro)
Que le cedes el paso al coche que se incorpora... te dan.
Que contestas mal a una persona (sea el cliente o el trabajador)... te quitan.
Aquí el crédito sería como debe ser, en función del compromiso cívico de la persona. Una persona maja, responsable, puntual, cumplidora, agradable, tendría todo el crédito del mundo para emprender lo que quisiera. Y sería una empresa donde todo el mundo querría trabajar.
Y todo empezaría por pagar a las personas por decir cosas interesantes y originales (a mi), y no por publicar las mismas mierdas de mentiras que soportan este deplorable sistema que no hay por dónde cogerlo.
Perdón que ya me estoy calentando...
Pensaba escribir de otra cosa más mediática y divertida, pero me duele mucho que todos estemos tan puteados en nuestros trabajos y agobiados por llegar a fin de mes en una sociedad que supuestamente debería evolucionar.
Es tan injusto que el empresario millonetis sobrevuele con su helicóptero privado cientos de miles de favelas hacinadas para aterrizar en su isla privada...
Pero de pronto lees el Informe Mundial sobre la Felicidad que elabora la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) de la ONU y piensas que igual no estás tan loca.
El trabajo de estos pensadores de un mundo mejor, describe cómo las medidas de bienestar subjetivo son eficaces marcadores del progreso nacional. Según señala Jeffrey Sachs "el bienestar social no se consigue solo con dinero, sino también gracias a la justicia, la honestidad, la confianza y una buena salud”.
Un aspecto importante que muestra el Informe Mundial de la Felicidad 2015 es que, tanto a nivel nacional como individual, todas las medidas de bienestar están fuertemente influenciadas por la calidad de las normas e instituciones sociales de cada país.
Richard Layard remarca en este sentido la importancia de políticas aplicadas a la infancia: "Tenemos que invertir desde el principio en la vida de nuestros hijos para que estos crezcan y se conviertan en adultos independientes, productivos y felices, que puedan contribuir tanto social como económicamente". Os aseguro que esta inversión no se refiere a dejarlos al cuidado de una filipina y matricularlos en los colegios más caros.

Noooo…. los románticos no nos suicidamos, al menos no todos. Claro, que a lo mejor me pasa por ser de ciencias puras.
ResponderEliminarLo del crédito que comentas, ¿no es eso el karma, al fin y al cabo? No es que crea en esas cosas, pero lo cierto es que si das, acabas recibiendo (en el buen sentido… bueno, y en el malo también). Debe ser más bien una ley universal. Si cuando saludas a la gente, lo haces siempre con una sonrisa en los labios, gustarás a la gente y te tratarán bien.
La última parte de tu “post”, uff… ¿tú crees que realmente podemos llegar a hacer un mundo mejor y más justo para todos? Yo vengo siendo muy excéptico desde que leí Sinuhé el Egipcio: http://www.epdlp.com/texto.php?id2=1527