Requiere su tiempo resumir una relación tan intensa. Más cuando es el único y sólo te llevas un año de edad con él.
Tengo muy claro que no sería quien soy si no hubiera crecido a su lado. Quizás por lo bien que me conoce o por lo mucho que me quiere, que suele ir unido, ha sido la persona que más me ha aportado en la vida.
Varias veces he hablado de lo mucho que valoro en una persona su capacidad de sorprender gratamente. No es casualidad que fuera precisamente mi hermano el que aportara en su día (al post de la zona mágica) que la calidad consiste en darle al cliente más de lo que espera. Como le respondí he tenido la inmensa suerte de contar en todo momento con un hermano de calidad.
Su último detalle aconteció ayer mismo. A las 19:00 de la tarde entraron mis hijos del patio de la urba con un paquete certificado con su remite. Contenía un libro: "El Gen Egoísta (las bases biológicas de nuestra conducta)", de Richard Dawkins. Cuando me regalan un libro siempre le doy más valor a la dedicatoria que al libro en sí. Si luego el libro me entusiasma ya es la repanocha, que diría mi hermano. Cuando lo abrí sabía que estaría dedicado:
Abril 2015,
Con Amor
(Carita contenta)
Me pareció simplemente precioso. Lo empecé enseguida y ya me he enganchado. Cuando me lo acabe os daré la chapa con él. Así de detallista es mi hermano...
Nunca he sido una niña cobarde, pero si alguna vez he sentido el más mínimo temor, sólo tenía que constatar su presencia para que se me disipara. Si logré superar el último año de la guardería sin él fue porque estaba Maite, que siempre ha sido también como una hermana para mi. Hace poco me recordaba mi pesada dependencia de él cuando empezamos el colegio juntas.
- En todos los recreos teníamos que sacar un hueco para ir a buscarle y darle un beso.
No sólo es absolutamente cierto, sino que, cuando lo pensé, sentí como si el día anterior hubiéramos irrumpido en mitad de su pachanga de fútbol para besarle.
Nos peleábamos mucho también. Pero mi padre hizo una gran labor para que nos lleváramos bien.
Ahora que tengo dos hijos con una situación de hermandad muy parecida a la nuestra, me doy cuenta de lo intensísima que es esta relación. Se pelean muchísimo. Yo diría que sus peleas son lo más difícil de llevar. Los mayores momentos de tensión en familia los he vivido por culpa de sus pulsos de poder. Pero es completamente normal. Están creciendo juntos y buscando su hueco.
Todas las peleas al final son por buscar un hueco. Desde buscar un hueco para aparcar, hasta lograr ubicarse para siempre en el corazón de la persona amada, pasando por un hueco en un buen curro, en el mejor colegio para tus hijos o en la primera fila del concierto de la temporada.
Los hermanos tiene que buscar su hueco desde cero y es normal que tengan muchas peleas por este motivo.
En nuestro caso siempre estuvo claro que él era el hermano mayor responsable y obediente; y yo la sensible llorica mostrando constantemente su yo afectado.
Como decía antes, es fundamental la labor de los padres para lograr consolidar una buena relación entre los hermanos. Me doy cuenta ahora. Te das cuenta de tantas cosas cuando te pones en el lugar del otro, que deberíamos hacerlo mucho más a menudo. A ver qué dice el gen egoísta, pero creo que eso no puede ser malo. Así que me veo soltando frases que entraron hace décadas por mis oídos y ahora salen por mi boca.
- No podéis pelearos porque vosotros estais en el mismo equipo.
- ¿Por qué no haceis el yo reparto y tu escoges?
- ¿Qué tonterías son esas? Yo os quiero a los dos igual.
- Si es que si a él le doy dos bofetadas y a ti sólo una seguro que me protestas.
- Os teneis que llevar bien porque sois hermanos y punto.
- Cada uno a su cuarto a reflexionar. ¡Ya!. Y luego os pedís perdón.
A base de dejarnos desarrollar cada uno nuestro hueco y fomentar el entendiemiento y la cooperación llegó un momento en el que dejamos de pelearnos por tonterías y comenzamos a enriquecernos con nuestras diferencias. Al final esa es la clave de la convivencia.
Tengo tantos recuerdos intensos vividos a su lado...
Siempre me retó a desafiar mis límites. Pero lo más grande es que cuando no superaba el desafío, él estaba ahí para parar mi caída o, al menos consolarme en el suelo. Y en cualquier caso nunca traicionó nuestra confianza.
Mi hermano ha estado ahí cuando nadie más ha estado. Nunca ha contemplado mis tonterías. Yo diría que ha sido incluso duro conmigo, pero, de nuevo, tengo que agradecerle lo mucho que me ha ayudado a crecer al mostrarme siempre el espejo más cochinamente real de la situación, con mi yo más casposo, chungo y grimoso.
Con él nunca me he aburrido. Me habrá tocado empujar una moto sin gasolina por el arcén a la una de la madrugada. Ni siquiera. Ahora que lo pienso empujaba él, que siempre asumía deportivamente sus fallos. Yo sólo conducía en punto muerto. Y al final guardo un bonito recuerdo de dos en la carretera iluminados bajo una preciosa luz de luna.
He vivido tantas aventuras con él... Y todas y cada una de ellas me ha compensado.
Una vez le llamé llorando con un problema a las tres de la mañana. A los cinco minutos estaba a mi lado. Lo resolvió. Consiguió que me acabara riendo y se marchó.
En alguna etapa hemos tenido desencuentros. Esos momentos en los que no entiendes lo que hace la otra persona y te enfadas y entras en esa espiral de incomunicación nefasta. Y agarras el cuchillo... Pero han durado poco y al final le he acabado entendiendo.
Un hermano, como un verdadero amigo, es esa persona que te quiere cuando menos lo mereces porque es cuando más lo necesitas.
Con mi hermano también he desarrollado ese lenguaje especial de expresiones que, utilizadas en unas circunstancias clave, se incorporan a la relación para apuntalarla cada vez que vuelven a ser utilizadas.
Tenemos los hierbajos apestosus, la buenita fregando los platos o el eterno consejo de no apuretarse nunca. (Esto no lo voy a explicar ahora)
Y por supuesto, si una pluma vale una espada, siempre ha desenvainado los mejores consejos.
Hace diez años, ante una duda sentimental me dijo:
- ¿Cómo te imaginas si tomas esa decisión dentro de diez años?
Lo cierto es que tendría que haber sido Steve Jobs para imaginarme escribiendo un post en un blog. Pero no sé si llegué a verme tan feliz como me siento ahora. Y es evidente que esto se lo debo en buena parte a él.



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