martes, 6 de octubre de 2015

REFERENCIAS



Recuerdo perfectamente la primera vez que vine a Madrid con mi familia. Yo tenía ocho años. Era la boda de mi primo Joaquín y mis padres como siempre muy animosos, decidieron aprovechar para organizar las visitas turísticas de rigor en la gran capital.

No sé cómo nos pudo dar tiempo a ver tantas cosas. Si no fuera porque el obturador de la cámara de mi padre lo registró todo, pensaría que parte había sido imaginado. Pero ahí estoy yo, con una bolsa de cacahuetes delante de los monos del Zoo; con pose congelada en el Museo de Cera; compartiendo un remo con mi hermano en la barca del Retiro; o poniendo cara de flipe delante de la montaña rusa. 

Lo cierto es que hay fotos de todo menos de la boda. Que por cierto, también recuerdo que era mi primera boda y yo estaba tan nerviosa que me entró cagalera. Al final llegamos tarde por mi culpa, que no acababa de conseguir separarme del water. Mi madre se moría de risa y decía que menos mal que no era la novia, que si no se tendría que acabar cancelando la boda. Me dejó algo preocupada durante un tiempo. Con los años fui aprendiendo a quitarle hierro a este tipo de asuntos sociales, y el día de mi boda estaba tan tranquila que ni siquiera me alteró el hecho de llegar antes que el novio.

La obsesión de mi padre, aparte de inmortalizar nuestra visita a la capital, era que no nos perdiéramos entre tanta muchedumbre. Por eso cada vez que entrábamos en un concurrido recinto nos decía, -si alguien se pierde que venga aquí y me espere, que yo vengo a buscaros. Y a continuación nos explicaba que debíamos encontrar referencias para saber llegar a ese sitio. No avanzábamos hasta que no le demostrábamos que teníamos nuestro particular caminito de migas de referencia.

No es por hacerle la pelota porque me está cuidando de manera impagable estos días de pata quebrada y aún no ha tirado a ninguno de mis hijos por la ventana. (De momento sólo ha sido defenestrada la gata, que de paso ha demostrado su absoluta falta de rencor restregándose contra su pantalón en cuanto ha vuelto a casa). Pero lo que en su día fue planteado como un inocente ejercicio visual para no perserse, se ha acabado transformando en una herramienta básica de supervivencia.

Son tantas las veces que nos perdemos en el sinuoso camino de la vida. Es entonces cuando, sin darnos cuenta, buscamos referencias. Porque sabemos que sólo unas adecuadas referencias pueden guiarnos de nuevo para encontrar nuestra identidad entre la muchedumbre. 

Hay referencias muy sólidas en forma de familia o, sobretodo, amigos de verdad. Esas son seguras y fiables. Son las más importantes. Son las que permiten que nunca llegues a perderte del todo. Pero poco te puedes alejar con ellas. 

Con las otras hay que tener cuidado. Te pueden llevar muy lejos. Ayudarte a conocer senderos interiores que nunca hubieras imaginado. Pero puedes acabar más perdida de lo que estabas.

Mi humilde consejo es que busques aquellas referencias que te hagan sentirte orgulloso de ser tu mismo. Porque ahi estarás yendo por el buen camino, aunque sea con muletas.


Bon Jovi - Brokenpromiseland

"Let the past just fade to black"

https://youtu.be/p8hU37Mmkpo



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