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| DON DRAPER |
Mi amigo Joaquín dice que la diferencia entre hombres y mujeres podría resumirse en que ellos son unos huevones y nosotras unas histéricas.
Desde que me divorcié he meditado mucho sobre las relaciones entre géneros. Bueno. No desde que me divorcié. Desde antes. Desde que vi que nuestra relación se iba irremediablemente al garete llevándose por delante una familia sin que yo pudiera hacer nada.
Por aquel entonces yo iba a Asturias a menudo a ver a mi madre en Bla, Bla, Car: un estupendo servicio de contacto entre viajeros para compartir los gastos del viaje usando un mismo coche. En varias ocasiones me vi desarrollando verdaderas terapias emocionales con algún desconocido que me ofrecía esclarecedores puntos de vista completamente objetivos respecto a algunas de mis inquietudes. Uno de ellos, un chico de Gijón guapo, soltero y trabajador me comentaba que él tenía muy claro que no quería casarse, más que nada porque casi todos sus amigos habían caído y él no envidiaba en absoluto ninguna de aquellas relaciones.
Es un poco triste, pero yo tampoco envidio a la mayoría de los matrimonios que conozco.
Volviendo a los descalificativos iniciales, y a pesar de que las generalidades generalidades son, creo que conozco dos tipos de papeles en las relaciones: uno manda y otro pringa. Esto suele depender de cuál de los dos sea más escandaloso en su perfil. Si el huevones es escandalosamente huevones, la histérica acaba renunciando e pedirle cualquier tipo de colaboración en las tareas familiares.
Si la histérica es escandalosamente histérica, el huevones deja de ser tan huevones y se convierte en un esclavo servicial.
Pero ambas relaciones están abocadas al fracaso, siempre cuando decide la mujer eso sí. En un caso se cansa de ser la pringada, en el otro se cansa de tener al lado a un pringado.
¿Cómo encontrar una relación en equilibrio? Es complicado, pero todo se puede. Con algo de esfuerzo y sobre todo mucha comprensión. El problema es que el ser humano está acostumbrado a acomodarse en un papel fijo, aunque sea el de víctima (que puede ser comodísimo). Yo creo que hay que revisar los papeles constantemente. Y en esa revisión, lejos de andar yendo de extremo a extremo, deberíamos procurar alcanzar un equilibrio.
Hasta hace bien poco, el hombre referente que toda mujer deseaba podía ser el Don Draper de Mad Men.
Un diálogo de la serie que resume a la perfección esta figura es el que mantiene con una conquista potencial (bastante inteligente, por cierto):
Don: La razón por la que no lo has sentido (el amor) es porque no existe. Lo que llamas “amor” fue inventado por tipos como yo para vender medias... Naces solo y mueres solo y este mundo sólo te impone un montón de reglas que te hacen olvidar estos hechos. Pero nunca me olvido. Vivo como si no hubiera mañana porque no lo hay.
Rachel: Creo que hasta este momento no me había dado cuenta de que también debe de ser duro ser un hombre.
Yo hace relativamente poco que me he dado cuenta de lo duro que debe de resultar ser hombre, sobre todo en estos tiempos.
Os dejo un link muy divertido para que aprendáis cómo ser Don Draper.
Lo malo es que ya ni siquiera sirve. Con esto de la incorporación de la mujer al mundo laboral, el papel del Macho Alfa se ha ido al garete. Así que los pobres hombres ya no saben si queremos que nos cedan el paso o que nos arrollen, que nos inviten o que blanqueen tickets restaurante con nosotras, que nos digan lo mucho que nos echan de menos o que nos castiguen con desdén. Para mi siempre la opción A, muchas gracias. Otras ya no sé. Tendréis que negociar.
La verdad es que hay que ser muy hombre, más hombre que nunca en estos tiempos que corren. Hay que ser tan hombre como para poder respetar y comprender a la mujer de tal manera que te haga sentir un verdadero hombre.
No hay más secretos. Bueno sí. Hacer reír.
Para inspiraos un poco os dejo uno de los temas preferidos del invasor de mi alma.
I Am Your Man, de Leonard Cohen.

¿Sabes lo que creo yo?
ResponderEliminarLa sociedad en la que vivimos es la que tiene la mayor parte de culpa en los comportamientos de las personas. Muchas veces por mucho empeño que una persona ponga en hacer las cosas de la manera mas correcta y/o complaciente... a veces no es suficiente o no sirve. Aunque tu "alrededor" esté de acuerdo contigo y vea lo mismo que ves tu... lo que prevalece y importa es la visión del que hace que las cosas sean "por hue..."
Y no es conformismo, es sumisión o intentar tener salud, dado que se dejan las cosas correr y se adapta uno por no sufrir y aguantar el maltrato continuo...