| Recuerda la primera palabra que aprendiste: MIRAR |
Coge cualquiera de estas normas y llévatela al mundo adulto, a tu familia, a tu trabajo... y seguirán siendo verdad.
Y comprobarás que continúa siendo cierto, no importa cuál sea tu edad, que cuando salgas al mundo, es mejor que te agarres de la mano y permanezcas junto a alguien.
Robert Fulghum
La semana pasada, bajando las escaleras del edificio de Educación Infantil del Colegio Punta Galea, me fijé por primera vez en un pequeño cuadro colgado en el hall de la primera planta.
Por un instante solté a mi hija de la mano y me acerqué a descubrir qué enseñanzas se encerraban en ese marco tan expuesto como ignorado por mi durante los cientos de días que habría pasado por delante de él.
Eran una serie de normas básicas de convivencia que por lo visto deben aprenderse en el Jardín de Infancia. Me dio muchísimo qué pensar.
Llevaba ya unas semanas constatando la suerte de colegio que había buscado para mis hijos. Y os voy a contar el calvario que viví antes de empezar a perseguir esta suerte. Porque sí, señores. La suerte no llega, la suerte hay que perseguirla sin descanso. Y para ello es fundamental recordar la primera palabra que aprendiste, como dice nuestro amigo Robert: saber MIRAR.
En su día creí tener la suerte de haber conseguido plaza para mis hijos en uno de los colegios públicos más afamado y solicitado de mi zona.
Mi experiencia, en los dos años de oportunidad que le di, fue nefasta. Me llegaron a recomendar que mandara a mi hijo de 4 años a un psicólogo privado atreviéndose a dictaminar que tenía la enfermedad de moda: el TDAH (Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad). Cuando le pedí a la experta asesora pedagógica que me diera su informe por escrito para buscarme una cita en el psicólogo público y gratuito que ofrecía mi Ayuntamiento, no fue tan osada...
Afortunadamente la psicóloga infantil de Las Rozas, Lourdes Hernández, nos recibió mucho antes de lo esperado y resolvió el problema en un par de sesiones. Nos apuntó que nuestro hijo era completamente normal aunque necesitaba que le marcáramos más límites, y nos aconsejó directamente que le cambiáramos de colegio.
Bendito el día en el que tomé la decisión de matricularle en el Colegio Punta Galea, de Las Rozas, que precisamente, en ese año cambiaba su condición de privado a concertado (eso sí que fue suerte).
Por fin encontré un equipo de profesionales pedagogos competentes.
El inicio no fue fácil. Mi hijo tuvo problemas para integrarse en su nueva clase, pero el Centro supo estar a la altura, y atajó el problema con una eficacia pasmosa.
Nunca olvidaré la reunión que tuve con la jefa de estudios de Educación Infantil, Elena Luna Serrano. Acabé llorando por la emoción de encontrar a alguien que no sólo comprendía el problema, sino que me ofrecía ideas muy alentadoras para resolverlo.
A mitad de curso lo cambiamos a la clase de María González Sánchez, la Virgen personificada. Y de apoyo, Amelie Mirada Muñoz, otra mujer de la luz. El cambio fue radical.
Este año, su maestra Sara Puerto García ha superado todas mis expectativas... No tengo palabras. Sencillamente la amo.
Tampoco voy a dar más la chapa personalizando mucho el blog. Pero a veces es bueno citar a las personas que hacen el bien con nombres y apellidos, aunque suelan ser las más anónimas, como los verdaderos héroes.
He mirado mucho el Colegio de mis hijos, porque miro por su educación. Y me encanta lo que veo.
Veo siempre cariño, dedicación, palabras de aliento ante los problemas, grandes maestras que ofrecen soluciones, profesores de deporte que hacen que me apetezca incorporarme a sus clases extraescolares, apoyo educativo en cualquier mínimo detalle.
Veo un director que siempre está presente, que corre con su elegante traje detrás de un balón para devolverlo de una patada al otro lado de la valla, que se mezcla entre los niños en el patio, imagino que para mirar por su responsabilidad, orgulloso y consciente de la importancia de llevar las riendas de los hombres y mujeres del futuro.
Veo un equipo que sabe transformar lágrimas en sonrisas, preocupaciones en serenidad, conflictos en fuentes de aprendizaje,...niños en hombres de bien y provecho.
Hace poco, una madre de una alumna del curso de mi hija, de 3º de Infantil, me preguntaba alarmada si era cierto que en 1º de primaria no les mandaban deberes de sumas y restas. -Afortunadamente es cierto-, le respondí. Traté de tranquilizarla un poco constatando que sí les mandaban ejercicios de lectura y comprensión. De nuevo reflexioné sobre lo mucho que me gustaba la política educativa del Colegio de mis hijos.
Creo que antes de aprender a sumar, restar y multiplicar hay que aprender valores y conceptos. Si no, igual cuando sean mayores confunden las cuentas y suman donde deberían restar o multiplican lo que deberían dividir.
Y si miráis bien, hacer cuentas no está en la lista de TODO LO QUE NECESITO SABER...
Os dejo con Hold My Hand Duet,
Michael Jackson
ft. Akon (Traducida al Español)
https://youtu.be/jokBr3q5LKc
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