Siempre he dicho que me encantaría vivir seis meses en California (de octubre a marzo), dos en Nueva York (abril y mayo) y otros cuatro en mi pueblo (de junio a septiembre), para no olvidar mis raíces.
Pero lo cierto es que tampoco me importaría montar aquí un hotelito rural apañado y dedicarme a recibir gente de distintos lugares del mundo para enseñarles este pedacito de paraíso.
Esta mañana mi padre cogía un vuelo a Palma de Mallorca para subirse al barco de un amigo y llevarlo juntos a Grecia. No es mal plan. Le he dicho que me vaya mandando fotos y algo de vídeo y así en parte es como si viajara con él.
Yo no pienso moverme de aquí hasta el domingo. Estoy la mar de a gusto disfrutando del Beatus Ille.
Esta mañana hemos ido a dar un paseo a la playa. No estaba para bañarse, pero a cambio no había casi nadie y lo hemos pasado muy bien jugando al fútbol y escalando por las rocas. En el fondo es una suerte que en Asturias haga mal tiempo, así no se llena de turismo foquil, como dice un amigo mío que veranea en Cádiz.
Luego hemos invitado a comer un amigo de mi cuñada que ha venido a mi pueblo a inseminar a una yegua. Es veterinario, como habréis deducido. Venía el pobre disculpándose por el aroma a caballo fértil que le acompañaba. Pero en seguida nos acostumbramos y al final me vi entablando una glamurosa conversación sobre semen de noble corcel venido de Francia para emparentar con esplendorosa yegua asturiana.
Entre medias he podido comunicarme con varias personas de distintos puntos de España. Una en concreto me ha mandado un link a una preciosa canción que me ha emocionado muchísimo.
También he recibido el e-mail de mi futuro profesor, que imparte un curso-taller al que me he apuntado sobre emprendimiento e innovación en el periodismo. Nos pide amablemente rellenar un cuestionario para conocer algo más de sus alumnos antes de empezar el curso. Lo he rellenado y para allá que ha salido.
Nunca pensé que conocería la tele transportación, pero al menos de manera virtual, está claro que existe.
Estamos viviendo una era absolutamente revolucionaria. Y quiero pensar, ¿será capaz el ser humano de aprovechar todas estas herramientas para ser más feliz?
Cuando se desarrolló el ferrocarril los indios se escandalizaron mucho pensando que no podía existir un medio de transporte tan rápido porque el alma no podría seguir al cuerpo en su desplazamiento.
Es cierto que muchas veces vamos y volvemos tan rápido de un lugar a otro que nos da la sensación de que ni siquiera hemos estado. Es porque a nuestra alma no le ha dado tiempo a seguirnos.
Quizás las nuevas tecnologías de la información vengan a permitir lo contrario. Que el alma permanezca en un mismo lugar y sea el mundo el que pueda viajar hasta ella.
"It Must Be Love", Madness
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