miércoles, 25 de marzo de 2015

ABRAZAR EL DOLOR




ESE QUERER ESTAR SOLO Y AL MISMO TIEMPO NECESITAR UN ABRAZO...




No hay que ser psiquiatra para diagnosticar que estoy inmersa en una fase de duelo. No quiero sonar plañidera, pero perder a tu madre y a tu marido en el mismo año es duro de asimilar.

La vida de cualquier ser humano realmente es una sucesión de pérdidas consecutivas. Hasta la última, que es la pérdida de la propia vida... 
Normalmente se reciben con espíritu deportivo porque suelen tener una compensación. Mi hija, desde que averiguó la generosidad del Ratoncito Pérez en casa de su padre, está deseando perder todos los dientes. Bueno, y yo, que diez pavos por diente, es para pensárselo. Fui tan tonta que igualé la oferta. Si me hubiera mantenido en los cinco euros por diente seguro que mis hijos conseguían acabar depositando todas sus piezas bajo la almohada de su casa paterna.

A veces ni nos damos cuenta de las pérdidas, y no me refiero a perder las gafas de sol (yo siempre pierdo las de marca, las de los chinos se me multiplican). Seguro que todos recordamos ese peluche con el que jugábamos de pequeños, y que, de pronto un día fue guardado en un baúl y nunca más nos acordamos de él. O esa amiga de la infancia que aún recuerdas con cariño en muy borrosos y entrañables momentos, que un día se mudó de ciudad y la dejaste de ver sin que supusiera ningún trauma. O la propia virginidad, que yo ni me enteré de haberla perdido...

El trauma viene cuando no hay NADA que pueda reemplazar esa pérdida. Entonces toca por pelotas enfrentarse al duelo. El duelo podría describirse como el proceso de adaptación emocional que tenemos que superar para vivir felizmente con ese vacío en el alma. Lo que viene siendo el AJOYAGUA de toda la vida.
Por lo visto ya está muy estudiado, como todo el penoso y estático comportamiento humano.
En el año 1969, la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross (1926-2004) publicó sus cinco fases en su libro On death and dying.

1. NEGACIÓN. El clásico "esto no me está pasando a mi". "Es todo una pesadilla". "Se va a arreglar todo". El mítico "ya lo pensaré mañana de Escarlata O´Hara". Pero por desgracia, por la mañana te levantas con un nudo en el estómago y cuando lo piensas es incluso peor. Entonces pasas a la siguiente fase.

2. IRA o MECAGÜENLAPUTA POR QUÉ- A- MI. Es la fase más peligrosa porque claro, el individuo se vuelve algo agresivo. Es la fase en la que yo recomiendo hacer mucho deporte (a no ser que hayas perdido la movilidad total del cuerpo, en cuyo caso, perdonad mi brusquedad, yo me pido eutanasia) y escuchar a Paquita la del Barrio en casos de pérdida sentimental.

3. NEGOCIACIÓN. Para mi es la fase más importante sin duda. Cuando mi madre estaba ya postergada en el sillón la mayor parte del tiempo, me miró con sus amorosos ojos verdes color uvita (como le habían enseñado de pequeña a describir), y adivinando mi fingido ánimo me aleccionó, -Hija. ¿Recuerdas lo que siempre te he dicho sobre que todo tiene su lado bueno y hay que saber verlo?-. Creí adivinar por donde iba y ya empezó a acelerarse mi enojado corazón. -Mi enfermedad también lo tiene. Aunque ahora no sepas verlo-, concluyó serenamente.
-¡No mamá! ¡No me digas que esto tiene un puto lado bueno porque yo no se lo veo por ningún lado! , le grité como sólo me he atrevido a gritarle a ella en mi vida, mientras me deshacía en lágrimas de indignación.
Pues al final he acabado viéndolo.  Claro que otra cosa es que te llegue a compensar el lado bueno con el lado malo. En mi caso eso no pasará nunca. Otra cosa es con una ruptura sentimental. Ahí creo que, a poco listos que seamos y aprendamos a valorarnos, está chupado. 
Si no te han sabido apreciar, que les den con desdén donde quiera que estén.

4. DEPRESIÓN. Es la fase de no hay tu tía y me siento fatal porque no veo ninguna salida. Podría describirse como ¡la vida es una caca!. Yo debo de andar un poco ahí últimamente porque lo digo mucho. ¡Caca de vida! Aquí se vale todo. Yo recomiendo tocar fondo y llorar desconsoladamente todo lo que se pueda. Se valora mucho tener un buen hombro para empapar.

5. ACEPTACIÓN. !Por finnnnnn! Es la luz al final del túnel. Es despertarse, si no con un gran gozo en el alma, al menos sin sentir ningún tipo de presión. Es poder recordar la pérdida con más gloria que pena.

Por lo visto estas fases se solapan a veces, con lo cual es difícil convivir con una persona en situación de pérdida traumática, a no ser que te gusten mucho las montañas rusas emocionales.

Es importante recordar que debe vivirse el duelo con deportividad. Se dice que este recorrido emocional suele necesitar un año. Yo no sé en qué fase me encuentro. En teoría me quedan 2 meses y medio. Sólo sé que acabo de darme cuenta de que es importante abrazar el duelo. Abrirse a sentir el dolor como quien tiene que echar alcohol para desinfectar una herida. Y apretar los dientes siempre que se pueda esbozando una sonrisa. Y recogerse a menudo para, lejos de huir del dolor tratar de abrazarlo hasta lograr absorberlo con cordura y afecto.

Precisamente por eso una de las mejores cosas que he aprendido es a valorar mi soledad. Claro que el problema puede ser acostumbrarte a ella. Y cito aquí un bonito fragmento de la novela "Cien Años de Soledad", de Gabriel García Márquez:

"Había necesitado muchos años de sufrimiento y miseria para conquistar los privilegios de la soledad, y no estaba dispuesta a renunciar a ellos a cambio de ... (los puntos suspensivos son cosa mía)".

Otra cita que aporta bastante consuelo es del invasor musical de mi alma: Leonard Cohen. En una estrofa de su tema "Tower of Song" dice que everything that we lost We´ll never have to lose it again. Que lo que bueno de perder algo es que ya no lo tienes que volver a perder.

Os dejo con una bonita canción de aceptación/resignación del cambio.

Todo cambia, de Mercedes Sosa.

https://youtu.be/0khKL3tTOTs



Me voy a cenar a casa de mi amiga Montse, mi gran compañera de montaña rusa.

1 comentario:

  1. A pesar de lo duro, me ha conmovido muchísimo leer tu escrito, incluso me he reconocido en las fases del duelo, y puedo asegurar que no sólo ocurre con la muerte. Llegar a la aceptación de algo que la vida te niega pasa por el mismo proceso.

    He de decir que lamento profundamente la pérdida de tu madre, no lo sabia y, supongo que, aunque es ley debida que todos en algún momento de nuestras vidas pasemos por ese dolor, es muy valiente compartirlo.

    Animo con tu blog. Ya estoy deseando leer el proximo capitulo...

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