lunes, 28 de septiembre de 2015

ESPÍRITU DEPORTIVO

Llega ese día en el que tus hijos te cuentan que "la novia de papá ha dormido en casa". Y te lo sueltan así, sin dramatizar, seguido de un "¿puedo tomar unas natillas de postre?". Tu, que de pronto te sientes completamemnte identificada con ese postre tembloroso, pálido e indefenso, que encima viene aplastado por una galleta y axifisiado en polvos de canela, le dices que mejor saque el chocolate, que ya le arrancas tu unas buenas onzas. De paso coges una y empiezas a interrogar como quien no quiere la cosa.

Afortunadamente no sacas mucho en claro.  Las informaciones de los dos pequeños sujetos son contradictorias. Y no puedes pasarte demasiado con el número de preguntas o mosatrarte ávido de escuchar respuestas porque los pequeños sujetos son muy listos. En seguida adoptan ese porte de superioridad que te da el tener una información que el otro ansía obtener.

Al final decidí obrar de manera adulta y preguntar directamente a su padre mediante un socorrido interrogante de whasap. La ratificación no pudo llegarme en mejor momento. Estaba celebrando el 40 cumpleaños de mi mejor amiga, rodeada de un montón de gente a la que quiero mucho. Aún así algo dolió. 

Un compañero de escalada me observaba hace poco que la vida se entiende mirando hacia atrás. Por eso estos impactos de realidad son necesarios. Porque te ratifican que la cuerda hace tiempo que se acabó. Pero no pasa nada. Tengo una buena reunión para coger fuerzas y la cumbre no se va a mover de sitio.

Es un buen momento para soltar ese mosquetón que te impedía seguir avanzando. Un buen momento para agradecerle a tu compañero que te haya asegurado bien hasta ese punto. Un buen momento para desearle que siga disfrutando con su nueva compañera de escalada. Un buen momento para dar ejemplo de espíritu deportivo a los pequeños. 
 
La cumbre nos espera siempre. Los compañeros de viaje a veces cambian. En ocasiones, incluso, nos vemos solos. Pero todo va bien mientras podamos mirar hacia abajo con orgullo y hacia arriba con ilusión. 

Y siempre podemos coronar solos y sin cuerda, aunque pueda parecer una misión imposible.

MISION IMPOSIBLE escalada

https://youtu.be/RXrSZqU6NhI







domingo, 20 de septiembre de 2015

BANG BANG (YOU SHOT ME DOWN)

THE BRIDE


Hoy estoy agotada intelectualmente, pero ha sido un sábado muy productivo. 
Llevo todo el día escribiendo un par de scketh de situaciones de pareja.
Me he metido en un proyecto muy interesante, en el que, para variar, trabajo gratis. Eso sí, como todo lo que se hace por amor al arte, me llena de orgullo y satisfacción, como el rey cuando nos daba buenas noticias a los españoles.
Y quién sabe. Así a base de sembrar y sembrar igual un día empiezo a recoger algún puñetero fruto.
Mientras tanto que me quiten la libertad física y mental que ahora disfruto.

El esfuerzo siempre acaba trayendo recompensas. Precisamente a través de este ejercicio me he dado cuenta de que sólo tengo verdaderos recuerdos de pareja con mi exmarido. Y lo que es peor. La mayoría son horriblemente buenos. Así que, desde aquí voy a abrir los corazones hacia un prioritario entendimiento con nuestras antiguas parejas, porque el que tuvo retuvo. Más si esa persona es también el padre o madre de nuestros hijos.

Esta mañana le comentaba a mi hermano lo bien que me llevo últimamente con mi ex. Y todo ha sido en parte a raíz de empezar a pensar en situaciones de pareja.

Es tan fácil conocer a una persona una noche o quedar con ella de vez en cuando. Es tan fácil ligotear unas horas. Decirle lo que crees que quiere escuchar. Mostrar tu mejor cara por unos instantes. Con la ayuda de algo de alcohol y un CD de Sade, puedes hasta llegar a meterte en la cama con esa persona. Aunque después de intercambiar los justos fluidos sólo desees que le surja una urgencia post coito.

Lo difícil es llegar a vivir esa sensanción de estar en casa, escuchar la cerradura de la puerta y empezar a salivar como el perro de Paulov sabiendo que tu hombre ha vuelto al hogar. Aunque se le haya olvidado comprar los huevos, o deje los zapatos tirados a la entrada, o elija rozar sus labios con la lata de cerveza antes que contigo.

Después de haber compartido tantas cosas con esa persona. Y de seguir compartiendo lo más importante que puedes llegar a compartir, que son tus hijos. ¿Cómo puedes llevarte mal?

Esta mañana me llamó una mujer maravillosa a la que he cogido mucho cariño últimamente, porque aparte de vivir muy cerca de mi casa, está atravesando una situación muy parecida a la mía. 

Me comentaba que le gustaba tanto aún su exmarido que no era capaz de permanecer a su lado mucho tiempo. Casi prefería no verlo. Y se lamentaba de que, a pesar de tener claro que jamás volvería con él, de alguna manera seguía enamorada del pasado que había vivido a su lado.

-Eso es genial, -la alenté. Imagínate lo contrario. Tener que lidiar con un hombre que te diera asco. Un hombre con el que te arrepintieras del maldito día en el que dejaste que su esperma listillo se introdujera en tu óvulo atontado.

Nos estuvimos riendo un rato. Y creo que acabó más animada. Desde luego yo si. 

Debería ser obligatorio llevarse bien con tu ex pareja. Al fin y al cabo ya no tienes que recoger sus zapatos, ni frustrarte porque porque remoje sus labios con la lata de cerveza mientras los tuyos se secan esperando. 

Sólo hay que recordar que esa persona es la misma que un día te hizo completamente feliz. Aunque el amor no haya sido suficiente para poder con todo.  

Even though, he shot you down.
 


Bang Bang (You Shot Me Down). Kill Bill


https://youtu.be/ZxJrdCIejus 











lunes, 7 de septiembre de 2015

JUGAR A PERDER





El último espejismo al que he tenido que enfrentarme en mi dura travesía por el desierto emocinal que inicié hace ya más de una año ha sido tan asombroso que me ha llevado a cuestionarme todo mi planteamiento vital.

No sólo nada es lo que parece, sino que la mayoría de las veces es precisamente lo contrario.

-No prometes lo que cumples, -me chantajeaba ayer mi hijo equivocadamente acertado porque no le quería comprar una movida de lanzar que ya había sido canjeada por no sé cuántas cosas. Lo cierto es que sin haberlo prometido, estoy cumpliendo con un nuevo hábito de no sucumbir a sus caprichosas peticiones materiales cada vez que tienen la más mínima posibilidad de sacarme algo. 

Las verdaderas promesas no tienen que plantearse. Se cumplen sin más. Igual que los besos y abrazos más necesarios no se piden, se reciben.

El domingo pasado regresaba a Madrid con mi buena amiga Carmen haciendo balance del inolvidable verano de 2015. Comentábamos lo injusta que era a veces la vida, cuando por más que lucharas, no obtenías los resultados merecidos. Entonces me dio un consejo clave. Me dijo que a veces lo mejor era jugar a perder. 

Está claro que si quieres tener distintos resultados tienes que cambiar de estrategia. Y a mi la de ir a ganar me ha ido de culo. Así que mira. Ahora creo que voy a ir a perder.

(Hago aquí un inciso, en honor a mi amigo Luis Ángel para aclarar que, con jugar a perder me refiero más bien a saber dosificar las fuerzas para buscar una victoria más a largo plazo. Y apunto su definición de derrota, que me ha gustado mucho, como una visión opuesta a aquello que queríamos conseguir)

Lo cierto es que así fue como me tomé este verano lo del proyecto de la serie de ficción y ha sido uno de mis mayores logros personales de los últimos meses. Empecé a escribirlo con todas mis fuerzas, pero sin esperar tampoco grandes resultados. Por el camino tuve la suerte de encontrame con un admirado guionista asturiano que más allá de darme unas pautas clave para pensar en el objetivo último de satisfacer los deseos de las cadenas, me animó comprendiendo mis limitaciones y alentándome a enfrentarme a cualquier miedo al fracaso.  

Al fin y al cabo un triunfador es un fracasado que lo intenta una y otra vez.

De nuevo las paradojas y mi comprensión cada vez más empírica de la filosofía Tao, que significa camino. El planteamiento vital de esta forma de pensar distingue claramente la virtud del verdadero avanzar retrocediendo, porque cuanto más se busca más se pierde y cuánto menos se pretende más se encuentra.
No hay nada que anhelar más que la satisfacción interna. El saber que lo has intentado con toda tu fe y evidentemente con tus mejores intenciones. 
De nuevo, todo está dentro de uno mismo. Y nadie es quién para juzgar nuestros actos.

Otra cosa que parece obvia y no lo es tanto. 

Últimamente he conocido varias almas prisioneras por injustísimas calificaciones de individuos tan imperfectos que se creen Dioses. Individuos tan perdidos que sólo buscan culpables en quien depositar su terrible miedo al fracaso.

Esos individuos ya me dan igual. Pero a las almas prisioneras les digo que la única manera de liberarse es abandonar. Dejar de luchar por una aprobación y un reconociemiento que no va a llegar nunca y hacerlo sencillamente por la propia satisfacción personal.

A veces es imprescindible perder alguna batalla para ganar la guerra.


Hilario Camacho-Tristeza de amor  

... Son muchos los que ignoran el llanto y el amor. Matan el cariño. Abusan del dolor.

https://youtu.be/sLNhGccpnBA 


jueves, 3 de septiembre de 2015

BULLYNG



Este verano me enteré del primer episodio de bullyng sufrido por mi hijo de siete años. 

Mi pequeño guerrero anduvo bastante suelto por el pueblo, construyendo imaginativas cabañas por los montes, repoblando renacuajos entre bebederos y relacionándose con todos los vecinos, desde el borracho hasta el cura. 

Sólo se quejó una vez de que unos amigos le habían hecho el típico conjunto vacío de no te ajuntamos porque queremos que te chinches. En cuanto le sugerí que lo mínimo que se merecían era que nos mostrara dónde ocultaban su cabaña secreta, se apresuró a guiarnos entusiasmado, reconfortándose enormemente con la venganza de esta pequeña traición. Aunque nunca llegaré a saber si aquello que nos enseñó era la cabaña de verdad o el almacén de donde sacaban el material. Desde luego mi desarrollada imaginación sólo alcanzó a ver unas cuantas ramas desperdigadas por el prao. 

Pero una tarde, cuando fui a buscarlo inocentemente al parque de La Bolera, unos chicos del pueblo se acercaron a comentarme el terrible episodio que había padecido mi hijo y que tenían grabado en el móvil. Tuve que respirar tres veces para mantener mi estado zen mientras me preparaba para visualizar una de esas secuencias de bullyng que tanto me espeluznaban cuando veía en los telediarios. Sólo que ahora el protagonista era mi propio hijo. Me enseñaron un vídeo donde un adolescente le empujaba monte abajo una y otra vez impidiéndole subir tras haber recuperado su pelota.
Jamás se me olvidarán los ojos de rabia contenida que se le veían a mi hijo. Era una mirada limpia cuestionándose el porqué de un mal tan gratuito.
El dolor de ver esas imágenes de mi niño de siete años sufriendo se mezclaba con el orgullo de comprobar cómo se enfrentaba con valor tragándose las lágrimas por dentro y sin apartarle la mirada fija a semejante abusón.

Pregunté indignada dónde podía encontrar a ese sinvergüenza. Ante mi grata sorpresa me señalaron que estaba ahí mismo, a tiro de piedra.
En cuanto vio el dedo apuntando hacia él huyó delatándose cobardemente. Pero debió de recapacitar sobre su nula posibilidad de escapatoria en un pueblo y de día, y al poco apareció de nuevo.

-¿A ti te parece normal lo que le has hecho a mi hijo?,- interrogué desde la calma. Al principio se hizo un poco el loco. Hasta que le amenacé con llevarle el vídeo a la policía y meterle una denuncia. Entonces con voz temblorosa se vino tan abajo que mi pequeño gran hombre intervino para defenderle.
-Vale ya mamá, que estábamos jugando-, alegó a su favor.

Me di cuenta de que se había formado un corrillo de niños a los que probablemente también habría intimidado de mala manera. Y de que mi noble hijo no quería ser el protagonista de aquella desagradable escena con tanto público. 

- ¿A si? ¿Estabais jugando? Pues está bien jugar. Pero hay que medir mucho cuándo se pasa de la diversión al daño, porque el maltrato no le gusta a nadie-, les expliqué. -Así que ya sabéis. Si alguien os hace sentir mal tenéis que decirlo y alejaros de él.

Al final todo se resolvió con un apretón de manos y un pequeño público que se dispersó muy satisfecho tras haber presenciado la indigna metamorfosis de matón a gallina.

Me alegró comprobar que mi hijo no va a sufrir maltratos. Aunque me alegró mucho más comprobar que tampoco va a maltratar a nadie. Ni siquiera por venganza.

Pero me quedé pensando en lo frágiles que son los niños. En lo importante que es hablar con ellos. Darles confianza para que expresen sus miedos. Y sobre todo enseñarles a reconocer y repudiar el maltrato.

Que parece muy obvio, pero no lo es tanto.



Dire Straits- Why Worry Now.







jueves, 27 de agosto de 2015

EL PERDÓN



Hace poco, alguien a quien no quiero juzgar, me dijo que las personas malas sólo recuerdan lo malo y las buenas se aferran a lo bueno. Yo creo que esta cualidad diferencia más bien a los optimistas de los pesimistas. Y que el mayor hijo de puta del mundo puede tener una gran capacidad para recordar lo bueno.

Lo que nos hace buena gente es básicamente nuestra capacidad de perdonar:

CULTIVO UNA ROSA BLANCA

Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

(José Martí)


Yo como soy optimista, buena gente y no tengo abuela, me apunto a todo. Perdono siempre a todos, empezando por perdonarme a mi misma. Pero también me aferro como una perrilla a los buenos recuerdos. Por eso no deja de asombrarme mi capacidad mental para recordar con todo tipo de detalle los buenos momentos y nublar de confusión los malos.

Uno de los primeros me transporta al Polideportivo de mi colegio. Nada más entrar por la puerta, antes de ir al vestuario, echábamos un vistazo rápido para comprobar si la colchoneta naranja que usaban para entrenar salto de altura estaba arrinconada bajo las gradas. Si era así corríamos a cambiarnos a toda velocidad para poder ir a saltar antes de que empezara la clase de gimnasia.

Trepábamos como podíamos gradas arriba con nuestros playeros Crube ayudándonos unas a otras. Maite, Marta, Camino, Diana, Carmencita, Gema. La verdad es que siempre la armábamos las mismas. Al fin y al cabo sabíamos que éramos el ojito derecho de Azpeitia y que siempre se hacía un poco el tonto antes de regañarnos (más porque se dañara la colchoneta que por poder lastimarnos).

Quizás ese alguien del principio, a quien no quiero juzgar, tenga parte de razón y resulte que los buenos recuerdos nos sirven de colchón para ayudarnos a perdonar. A reconocer que la vida está hecha de momentos y que no merece la pena perder el tiempo señalando víctimas y culpables. Sólo hay que intentar seguir disfrutando, sin miedo al aterrizaje. 


Desde luego lo que sí ayuda es tener “amigos colchoneta”, de esos que te apoyan a subir, saltan contigo, te hacen reír cuando te resientes dolorido por una mala caída y te miran orgullosos aliviando las consecuencias negativas de tus actos porque saben que al menos lo has intentado con todo tu valor y honestidad.

Perdonemos también a los que sólo saltan para ver si son capaces de romper la colchoneta, aunque a esos jamás podremos considerarlos amigos. 


Elton John - Sorry Seems To Be The Hardest Word



https://youtu.be/epJXMOYevH4

domingo, 23 de agosto de 2015

HACER LAS COSAS BIEN

En mis primeras prácticas laborales en TLG (Televisión Local de Gijón) fui felizmente explotada durante tres veranos. El ambiente era increíble. Todos los que allí trabajábamos formábamos un equipo divertido y eficaz. Por eso no nos importaba echar horas y horas creando contenidos para el agradecido público de esta incomparable villa marinera, cuna de mi madre, por cierto.

Pero todo tiene un límite, y cuando el único compañero del que podría hablar mal me pidió que saliera también a hacer encuestas por la calle en las dos horas libres que me quedaban al día, le dije que si jamones, que ya sacaba yo bastante programación gratis al día.

Fui llamada ipso facto al despacho de la jefa de equipo, quien afortunadamente era una mujer encantadora. Con mucho cariño me reconoció que en el fondo tenía toda la razón, pero en las formas no podía ser tan irreverente. Apeló al viejo dicho de que “la mujer del César no tiene que ser buena, tiene que aparentarlo”.

Se me quedó grabado porque era la primera vez que tenía que aplicarme esta paradójica máxima que no podía ir más en contra de mi quintaesencia.

Mi primera encuesta, de otras muchas muy divertidas que la siguieron renunciando con gozo  a aquellas dos horas libres, fue preguntar a la gente qué opinaba de este dicho. Me reconfortó descubrir que las mujeres de Gijón eran de las mías y que en términos absolutos “cagaben pa él, ¿oísti?”.

¿Quién me iba a decir a mi que veinte años después le vería una aplicación práctica?

Así de divertida puede llegar a ser la vida. En cuanto bordeas un poco los límites de las estructuras sociales convencionales, te ves sumergido en un mundo de paradojas, donde tu sentido de la moral ya no te impide hacer lo correcto. Un mundo donde hacer las cosas bien es sólo cuestión de formas.

Toda una educación asimilando que lo importante es el contenido. Que la belleza está en el interior. Y de pronto observo que sólo quien domina las formas puede serpentear sigilosamente hasta las profundidades del alma humana sin herir sentimientos.

Todos queremos hacer las cosas bien. Pero cuando las cosas se complican la buena intención no basta.

De nuevo el medio es el mensaje y sólo las buenas formas nos permiten alcanzar el buen contenido. 

Sarah Connor - Son Of Preacher Man


https://youtu.be/KvkfyYoLjho 


miércoles, 5 de agosto de 2015

NO CONTAMINES. RECICLA

Todos sabemos que la inmensa mayoría de las relaciones amorosas vienen con fecha de caducidad. Cuando se empieza a pasar, el mojo se torna moho y  el hongo del mal rollo brota y se multiplica hasta que se hace inevitable tirar el producto. El problema es que la relación con el padre de tus hijos debe perdurar irremediablemente toda la vida. Es más. Por el bien de los pequeños esta relación debe ser lo más agradable posible.

Por este motivo no me sorprendió demasiado que mi razonable ex-marido, según viajaba de Madrid a traerme a los niños, me pidiera que le reservara un par de noches en un hotel rural en mi pueblo.

Como yo soy de naturaleza amable le ofrecí quedarse con nosotros en la amplia casa de verano. Al fin y al cabo estaba mi padre presente para proteger mi honra. Su extremada caballerosidad le llevó a wasapearme un correcto: “¿Estás segura?. No es necesario”. A lo cual respondí que la oferta era sincera y sensata siempre y cuando no viniera con una mujer, ya que mi grado de liberación no había llegado aún a ese punto.
Entonces me comentó que venía con un amigo y volvió a insistir en la opción del hotel rural, que finalmente fue la elegida.

No me preguntéis cómo de pronto me vi sentada al lado de su encantador amigo, quien a su vez sostenía con toda confianza a mi hija feliz en su regazo. Mientras mi ex marido charlaba afablemente con mi padre, su encantador acompañante me enseñaba las fotos de una amiga común con la que salían a menudo en su nueva cuadrilla de bici. De hecho me mostró también las fotos de su nueva pandilla. Muy majos todos, aunque extraños para mi.

Cuando después de tres horas de agradable conversación se fueron a compartir la única habitación con cama de matrimonio que quedaba en el hotel, bromeé seriamente sobre lo mucho que me agradaría que hubieran cambiado de acera y el amigo fuera un nuevo coopadre para mis hijos. Creo que no era el caso, pero nunca se sabe.

Al día siguiente se iban a subir en bici al Lago Enol, pero mi ex propuso invitarnos a cenar a todos a la vuelta, “más que nada por los niños”.

No me preguntéis cómo de pronto me vi sentada en frente de mi ex marido escuchándole decir que había pasado los mejores años de su vida a mi lado, pero que él ahora quería seguir por libre, y que, por el bien de los niños, estaba genial que nos lleváramos así de bien.

Últimamente me ha preguntado más de un amigo/a qué siento por él. Ya no lo sé ni yo. Creo que lo que más siento es que se nos pasó hace mucho la fecha de caducidad.

Ayer, dos mujeres de mi pueblo muy sensatas que se lo habían encontrado por aquí, me comentaban que ellas en mi caso no le querrían ver ni en pintura.

Al principio les di la razón. Esos dos días de convivencia con él, cenando como amigos en el restaurante en el que me abrazaba cuando tenía frío o haciendo surf con las mismas tablas en las que en su día aprendíamos a deslizar nuestro amor, me dejaron un poco descolocada. Pero ser valiente tiene su premio. Después de enfrentarme a esta situación y darle vueltas y vueltas a mis sentimientos, me he dado cuenta de que el problema, de nuevo, es sólo mío. Y sólo yo tengo la solución.

Esa mujer fuera de foco por fin ha logrado ver al padre de sus hijos como lo que es: el padre de sus hijos. Nada más y nada menos.

Otra paradoja. Porque creo que era el papel más claro de asignar en esta nueva vida postdivorcio. Pero también era el más difícil de reconocer. Y mira que yo tengo mentalidad de reciclaje.

Claro que reciclar al que fuera el amor de tu vida son palabras mayores.

Ahora sólo espero que él haya hecho el mismo ejercicio y los dos seamos capaces de actuar siempre pensando en el bien de nuestros hijos. Sencillamente haciendo todo lo que esté en nuestra mano para hacernos la vida más feliz y más fácil, sin rencor y sin anhelos. 



Goodbye My Lover - James Blunt

Dedicada al padre de mis hijos, con sano afecto.

https://youtu.be/I_RD_mcJTkk