jueves, 8 de octubre de 2015

RECUERDO CUANDO TE RECORDABA



Mi primer cortometraje se titulaba REC. Sé lo que estáis pensando, pero ellos me copiaron. Y el argumento no tiene nada que ver.
Trataba de una joven romántica que volvía a su tierra asturiana y recordaba a un antiguo novio del que seguía enamorada.
Era bastante autobiográfico. De hecho aún recuerdo la etapa que salí con ese chico como una de las más felices de mi vida.

El trasfondo de la peli era la idealización de los recuerdos. Aquella joven nostálgica se cuestionaba hasta qué punto su cerebro había podido magnificar el amor pasado transformando una historia de aquí te pillo aquí te mato en Romeo y Julieta. Es curioso que a mis 26 años yo pensara tristemente que "cualquier tiempo pasado fue mejor". Ahora creo firmemente que "lo mejor está por venir", aunque en ocasiones puntuales me veo apelando mucho al "virgencita, virgencita, que me quede como estoy".

Si algo bueno traen los años es la experiencia y con ella, a poco que usemos el coco, la sabiduría. En aquel cortometraje la mejor amiga de la protagonista deducía que probablemente recordábamos el pasado mejor de lo que había sido para ser más felices. Yo con el tiempo he aprendido más bien a objetivizar el pasado. Sobretodo para no cometer los mismos errores.

A lo mejor resulta que el hombre tropieza dos veces con la misma piedra porque su recuerdo cabrón va y transforma lo que fue un puñetero infierno en un idílico paraíso que nunca sucedió. 

Por supuesto que hay que amar siempre como si nunca nos hubieran hecho daño. Pero debemos tener muy presente quién, cómo, cuándo y por qué nos ha herido. Más que nada para ahorrarnos un poquito de sufrimiento inecesario.

Recientemente he escuchado dos historias similares de personas que llegan a abrazar el calor de su hogar y se encuentran con el gélido abandono de su pareja. Después de comprobar que no han dejado ni una triste muda sucia de recuerdo, marcan el teléfono de "Mi Gordi" para descubrir que han sido bloqueados. ¿Cómo se puede hacer algo así? En un caso ella estaba divorciada con una hija y llevaban viviendo juntos un año y medio. ¿Qué le cuentas a esa niña?.

Me comentaba un amigo psiquiatra que lo más intolerable de una persona era la falta de honestidad. Estoy de acuerdo, pero un comportamiento así va más allá para llegar a incurrir en una falta de humanidad. Qué le costara al abyecto ser dejar al menos una nota diciendo "Sonríe. Soy una rata despreciable y lo mejor que te puede pasar es que salga de tu vida".

A mis cuarenta años he conseguido aprender a recordar a las personas en su justa medida. 

Y en medio de tanta inmundicia de seres cobardes y dañinos que no te dejan otro remedio que tener que olvidarlos, de pronto un amigo te hace recordar lo bien que te hacía recordarle.

Nuestra identidad se forja con la suma de pequeñas acciones. TODO IMPORTA. Desde llegar puntual a la primera cita, hasta despedirse con humanidad cuando crees que la relación no da más de sí. Pasando por un pequeño detalle cuando menos lo esperas, un mensaje que no diga nada, un escrito íntimo y personal que lo diga todo, un plan propuesto con ilusión, una recomendación que saben que te hará bien o te gustará, porque te conocen... 

Todas esas pequeñas acciones que te recuerdan que puedes contar con esa persona. No uno, ni dos...


Michael Tolcher & Gareth Asher - Sooner Or Later

martes, 6 de octubre de 2015

REFERENCIAS



Recuerdo perfectamente la primera vez que vine a Madrid con mi familia. Yo tenía ocho años. Era la boda de mi primo Joaquín y mis padres como siempre muy animosos, decidieron aprovechar para organizar las visitas turísticas de rigor en la gran capital.

No sé cómo nos pudo dar tiempo a ver tantas cosas. Si no fuera porque el obturador de la cámara de mi padre lo registró todo, pensaría que parte había sido imaginado. Pero ahí estoy yo, con una bolsa de cacahuetes delante de los monos del Zoo; con pose congelada en el Museo de Cera; compartiendo un remo con mi hermano en la barca del Retiro; o poniendo cara de flipe delante de la montaña rusa. 

Lo cierto es que hay fotos de todo menos de la boda. Que por cierto, también recuerdo que era mi primera boda y yo estaba tan nerviosa que me entró cagalera. Al final llegamos tarde por mi culpa, que no acababa de conseguir separarme del water. Mi madre se moría de risa y decía que menos mal que no era la novia, que si no se tendría que acabar cancelando la boda. Me dejó algo preocupada durante un tiempo. Con los años fui aprendiendo a quitarle hierro a este tipo de asuntos sociales, y el día de mi boda estaba tan tranquila que ni siquiera me alteró el hecho de llegar antes que el novio.

La obsesión de mi padre, aparte de inmortalizar nuestra visita a la capital, era que no nos perdiéramos entre tanta muchedumbre. Por eso cada vez que entrábamos en un concurrido recinto nos decía, -si alguien se pierde que venga aquí y me espere, que yo vengo a buscaros. Y a continuación nos explicaba que debíamos encontrar referencias para saber llegar a ese sitio. No avanzábamos hasta que no le demostrábamos que teníamos nuestro particular caminito de migas de referencia.

No es por hacerle la pelota porque me está cuidando de manera impagable estos días de pata quebrada y aún no ha tirado a ninguno de mis hijos por la ventana. (De momento sólo ha sido defenestrada la gata, que de paso ha demostrado su absoluta falta de rencor restregándose contra su pantalón en cuanto ha vuelto a casa). Pero lo que en su día fue planteado como un inocente ejercicio visual para no perserse, se ha acabado transformando en una herramienta básica de supervivencia.

Son tantas las veces que nos perdemos en el sinuoso camino de la vida. Es entonces cuando, sin darnos cuenta, buscamos referencias. Porque sabemos que sólo unas adecuadas referencias pueden guiarnos de nuevo para encontrar nuestra identidad entre la muchedumbre. 

Hay referencias muy sólidas en forma de familia o, sobretodo, amigos de verdad. Esas son seguras y fiables. Son las más importantes. Son las que permiten que nunca llegues a perderte del todo. Pero poco te puedes alejar con ellas. 

Con las otras hay que tener cuidado. Te pueden llevar muy lejos. Ayudarte a conocer senderos interiores que nunca hubieras imaginado. Pero puedes acabar más perdida de lo que estabas.

Mi humilde consejo es que busques aquellas referencias que te hagan sentirte orgulloso de ser tu mismo. Porque ahi estarás yendo por el buen camino, aunque sea con muletas.


Bon Jovi - Brokenpromiseland

"Let the past just fade to black"

https://youtu.be/p8hU37Mmkpo



sábado, 3 de octubre de 2015

SITUACIONES LÍMITE


I will be back...


Yo había decidido andar por lo segao. Pero está claro que uno no puede renunciar a su esencia. Por eso, el jueves por la mañana, no me pude resistir a probar una vía difícil de escalada en el rocódromo donde entreno normalmente. 
El paso que cruzaba de una pared a otra era precioso. Estaba a punto de conseguirlo, pero me confié demasiado y en el último momento caí en las terribles garras de la fuerza de la gravedad.
Pude escuchar perfectamente un preocupante crack, seguido por un inteso dolor que me tumbó en el suelo de la colchoneta.

Los fuertes brazos de Luis, mi monitor, me aparcaron cuidadosamente en boxes. Allí fui inmediatamente asistida por otro escalador profesional que habría logrado tranquilizarme por completo si no se hubiera empeñado en apretar una enorme bolsa de hielos contra mi malogrado tobillo. 
Cuando estaba a punto de desmayarme de dolor apareció Loli con un azucarado café que logró resucitarme lo suficiente para llegar a Urgencias por mi propio pie.

Todos los responsables y compañeros de escalada del King-Kong estuvieron, nunca mejor dicho, a la altura. Especial mención a Amparo que con su maravilloso sentido del humor logró sacarme unas cuantas sonrisas en medio de tanta agonía. Aparte de demostrar que se puede contar con ella, no uno ni dos... y que encima tiene un estupendo gusto para escoger gominolas.
Y por supuesto a Loli, que me acompañó como una verdadera amiga en todo momento. Desde la aparatosa salida del rocódromo hasta el también aparatoso asentamiento en el sofá de mi casa, ya debidamente diagnosticada con fractura de peroné.

Realmente tengo que dar gracias a tantas personas... Especialmente a mi padre, que ha venido a salvarme el culo como siempre. Pero también a Marco, que ha hecho lo que ha podido. A Montse que me porporcionó inmediatamente las mejores herramientas para esta situación; y de paso se quedó a hacerme la cena, acompañada de su maravillosa pareja. (Por eso le perdono que dejaran mi cocina impregnada con su asqueroso amor...)

A mis vecinas Maaike, Popi, Teresa y Eva. A Iván, que siempre ha estado ahí. Y a mis amigas de siempre, de las que no esperaba menos. A mi prima Marian...
A mi hermano ni le menciono.

Y después de expresar toda mi gratitud a mis seres queridos sólo tengo una pregunta. ¿Me van a seguir puteando los dioses? ¿Me pueden ocurrir más desgracias? ¿Qué coño estoy haciendo tan mal?

Empiezo a pensar que se han puesto de acuerdo para poner a prueba mi espíritu positivo. Es como si comentaran "mmm... ahí abajo hay una flipada de la vida que no se rinde; que sigue queriendo cambiar el mundo; que se cree que uno puede perseguir sus sueños toda la vida; que se empeña en poner a prueba sus límites; que sigue teniendo fe en el amor y en la bondad de los seres humanos... Vamos a por ella."

Pues que sepan que no van a poder conmigo. Que sigo pensando que de todo se aprende. Más aún de las situaciones límite.

Esta fractura me ha traído dos nuevas amigas y muchas ratificaciones. La más importante es que no voy a rendirme jamás. 

Pero además pienso rodearme y fomentar mis relaciones con personas que sepan sacarme carcajadas ante el dolor, que las hay. Y vade retro cualquiera que me haga torcer el más mínimo gesto. 

Michael Bublé - It's A Beautiful Day












lunes, 28 de septiembre de 2015

ESPÍRITU DEPORTIVO

Llega ese día en el que tus hijos te cuentan que "la novia de papá ha dormido en casa". Y te lo sueltan así, sin dramatizar, seguido de un "¿puedo tomar unas natillas de postre?". Tu, que de pronto te sientes completamemnte identificada con ese postre tembloroso, pálido e indefenso, que encima viene aplastado por una galleta y axifisiado en polvos de canela, le dices que mejor saque el chocolate, que ya le arrancas tu unas buenas onzas. De paso coges una y empiezas a interrogar como quien no quiere la cosa.

Afortunadamente no sacas mucho en claro.  Las informaciones de los dos pequeños sujetos son contradictorias. Y no puedes pasarte demasiado con el número de preguntas o mosatrarte ávido de escuchar respuestas porque los pequeños sujetos son muy listos. En seguida adoptan ese porte de superioridad que te da el tener una información que el otro ansía obtener.

Al final decidí obrar de manera adulta y preguntar directamente a su padre mediante un socorrido interrogante de whasap. La ratificación no pudo llegarme en mejor momento. Estaba celebrando el 40 cumpleaños de mi mejor amiga, rodeada de un montón de gente a la que quiero mucho. Aún así algo dolió. 

Un compañero de escalada me observaba hace poco que la vida se entiende mirando hacia atrás. Por eso estos impactos de realidad son necesarios. Porque te ratifican que la cuerda hace tiempo que se acabó. Pero no pasa nada. Tengo una buena reunión para coger fuerzas y la cumbre no se va a mover de sitio.

Es un buen momento para soltar ese mosquetón que te impedía seguir avanzando. Un buen momento para agradecerle a tu compañero que te haya asegurado bien hasta ese punto. Un buen momento para desearle que siga disfrutando con su nueva compañera de escalada. Un buen momento para dar ejemplo de espíritu deportivo a los pequeños. 
 
La cumbre nos espera siempre. Los compañeros de viaje a veces cambian. En ocasiones, incluso, nos vemos solos. Pero todo va bien mientras podamos mirar hacia abajo con orgullo y hacia arriba con ilusión. 

Y siempre podemos coronar solos y sin cuerda, aunque pueda parecer una misión imposible.

MISION IMPOSIBLE escalada

https://youtu.be/RXrSZqU6NhI







domingo, 20 de septiembre de 2015

BANG BANG (YOU SHOT ME DOWN)

THE BRIDE


Hoy estoy agotada intelectualmente, pero ha sido un sábado muy productivo. 
Llevo todo el día escribiendo un par de scketh de situaciones de pareja.
Me he metido en un proyecto muy interesante, en el que, para variar, trabajo gratis. Eso sí, como todo lo que se hace por amor al arte, me llena de orgullo y satisfacción, como el rey cuando nos daba buenas noticias a los españoles.
Y quién sabe. Así a base de sembrar y sembrar igual un día empiezo a recoger algún puñetero fruto.
Mientras tanto que me quiten la libertad física y mental que ahora disfruto.

El esfuerzo siempre acaba trayendo recompensas. Precisamente a través de este ejercicio me he dado cuenta de que sólo tengo verdaderos recuerdos de pareja con mi exmarido. Y lo que es peor. La mayoría son horriblemente buenos. Así que, desde aquí voy a abrir los corazones hacia un prioritario entendimiento con nuestras antiguas parejas, porque el que tuvo retuvo. Más si esa persona es también el padre o madre de nuestros hijos.

Esta mañana le comentaba a mi hermano lo bien que me llevo últimamente con mi ex. Y todo ha sido en parte a raíz de empezar a pensar en situaciones de pareja.

Es tan fácil conocer a una persona una noche o quedar con ella de vez en cuando. Es tan fácil ligotear unas horas. Decirle lo que crees que quiere escuchar. Mostrar tu mejor cara por unos instantes. Con la ayuda de algo de alcohol y un CD de Sade, puedes hasta llegar a meterte en la cama con esa persona. Aunque después de intercambiar los justos fluidos sólo desees que le surja una urgencia post coito.

Lo difícil es llegar a vivir esa sensanción de estar en casa, escuchar la cerradura de la puerta y empezar a salivar como el perro de Paulov sabiendo que tu hombre ha vuelto al hogar. Aunque se le haya olvidado comprar los huevos, o deje los zapatos tirados a la entrada, o elija rozar sus labios con la lata de cerveza antes que contigo.

Después de haber compartido tantas cosas con esa persona. Y de seguir compartiendo lo más importante que puedes llegar a compartir, que son tus hijos. ¿Cómo puedes llevarte mal?

Esta mañana me llamó una mujer maravillosa a la que he cogido mucho cariño últimamente, porque aparte de vivir muy cerca de mi casa, está atravesando una situación muy parecida a la mía. 

Me comentaba que le gustaba tanto aún su exmarido que no era capaz de permanecer a su lado mucho tiempo. Casi prefería no verlo. Y se lamentaba de que, a pesar de tener claro que jamás volvería con él, de alguna manera seguía enamorada del pasado que había vivido a su lado.

-Eso es genial, -la alenté. Imagínate lo contrario. Tener que lidiar con un hombre que te diera asco. Un hombre con el que te arrepintieras del maldito día en el que dejaste que su esperma listillo se introdujera en tu óvulo atontado.

Nos estuvimos riendo un rato. Y creo que acabó más animada. Desde luego yo si. 

Debería ser obligatorio llevarse bien con tu ex pareja. Al fin y al cabo ya no tienes que recoger sus zapatos, ni frustrarte porque porque remoje sus labios con la lata de cerveza mientras los tuyos se secan esperando. 

Sólo hay que recordar que esa persona es la misma que un día te hizo completamente feliz. Aunque el amor no haya sido suficiente para poder con todo.  

Even though, he shot you down.
 


Bang Bang (You Shot Me Down). Kill Bill


https://youtu.be/ZxJrdCIejus 











lunes, 7 de septiembre de 2015

JUGAR A PERDER





El último espejismo al que he tenido que enfrentarme en mi dura travesía por el desierto emocinal que inicié hace ya más de una año ha sido tan asombroso que me ha llevado a cuestionarme todo mi planteamiento vital.

No sólo nada es lo que parece, sino que la mayoría de las veces es precisamente lo contrario.

-No prometes lo que cumples, -me chantajeaba ayer mi hijo equivocadamente acertado porque no le quería comprar una movida de lanzar que ya había sido canjeada por no sé cuántas cosas. Lo cierto es que sin haberlo prometido, estoy cumpliendo con un nuevo hábito de no sucumbir a sus caprichosas peticiones materiales cada vez que tienen la más mínima posibilidad de sacarme algo. 

Las verdaderas promesas no tienen que plantearse. Se cumplen sin más. Igual que los besos y abrazos más necesarios no se piden, se reciben.

El domingo pasado regresaba a Madrid con mi buena amiga Carmen haciendo balance del inolvidable verano de 2015. Comentábamos lo injusta que era a veces la vida, cuando por más que lucharas, no obtenías los resultados merecidos. Entonces me dio un consejo clave. Me dijo que a veces lo mejor era jugar a perder. 

Está claro que si quieres tener distintos resultados tienes que cambiar de estrategia. Y a mi la de ir a ganar me ha ido de culo. Así que mira. Ahora creo que voy a ir a perder.

(Hago aquí un inciso, en honor a mi amigo Luis Ángel para aclarar que, con jugar a perder me refiero más bien a saber dosificar las fuerzas para buscar una victoria más a largo plazo. Y apunto su definición de derrota, que me ha gustado mucho, como una visión opuesta a aquello que queríamos conseguir)

Lo cierto es que así fue como me tomé este verano lo del proyecto de la serie de ficción y ha sido uno de mis mayores logros personales de los últimos meses. Empecé a escribirlo con todas mis fuerzas, pero sin esperar tampoco grandes resultados. Por el camino tuve la suerte de encontrame con un admirado guionista asturiano que más allá de darme unas pautas clave para pensar en el objetivo último de satisfacer los deseos de las cadenas, me animó comprendiendo mis limitaciones y alentándome a enfrentarme a cualquier miedo al fracaso.  

Al fin y al cabo un triunfador es un fracasado que lo intenta una y otra vez.

De nuevo las paradojas y mi comprensión cada vez más empírica de la filosofía Tao, que significa camino. El planteamiento vital de esta forma de pensar distingue claramente la virtud del verdadero avanzar retrocediendo, porque cuanto más se busca más se pierde y cuánto menos se pretende más se encuentra.
No hay nada que anhelar más que la satisfacción interna. El saber que lo has intentado con toda tu fe y evidentemente con tus mejores intenciones. 
De nuevo, todo está dentro de uno mismo. Y nadie es quién para juzgar nuestros actos.

Otra cosa que parece obvia y no lo es tanto. 

Últimamente he conocido varias almas prisioneras por injustísimas calificaciones de individuos tan imperfectos que se creen Dioses. Individuos tan perdidos que sólo buscan culpables en quien depositar su terrible miedo al fracaso.

Esos individuos ya me dan igual. Pero a las almas prisioneras les digo que la única manera de liberarse es abandonar. Dejar de luchar por una aprobación y un reconociemiento que no va a llegar nunca y hacerlo sencillamente por la propia satisfacción personal.

A veces es imprescindible perder alguna batalla para ganar la guerra.


Hilario Camacho-Tristeza de amor  

... Son muchos los que ignoran el llanto y el amor. Matan el cariño. Abusan del dolor.

https://youtu.be/sLNhGccpnBA 


jueves, 3 de septiembre de 2015

BULLYNG



Este verano me enteré del primer episodio de bullyng sufrido por mi hijo de siete años. 

Mi pequeño guerrero anduvo bastante suelto por el pueblo, construyendo imaginativas cabañas por los montes, repoblando renacuajos entre bebederos y relacionándose con todos los vecinos, desde el borracho hasta el cura. 

Sólo se quejó una vez de que unos amigos le habían hecho el típico conjunto vacío de no te ajuntamos porque queremos que te chinches. En cuanto le sugerí que lo mínimo que se merecían era que nos mostrara dónde ocultaban su cabaña secreta, se apresuró a guiarnos entusiasmado, reconfortándose enormemente con la venganza de esta pequeña traición. Aunque nunca llegaré a saber si aquello que nos enseñó era la cabaña de verdad o el almacén de donde sacaban el material. Desde luego mi desarrollada imaginación sólo alcanzó a ver unas cuantas ramas desperdigadas por el prao. 

Pero una tarde, cuando fui a buscarlo inocentemente al parque de La Bolera, unos chicos del pueblo se acercaron a comentarme el terrible episodio que había padecido mi hijo y que tenían grabado en el móvil. Tuve que respirar tres veces para mantener mi estado zen mientras me preparaba para visualizar una de esas secuencias de bullyng que tanto me espeluznaban cuando veía en los telediarios. Sólo que ahora el protagonista era mi propio hijo. Me enseñaron un vídeo donde un adolescente le empujaba monte abajo una y otra vez impidiéndole subir tras haber recuperado su pelota.
Jamás se me olvidarán los ojos de rabia contenida que se le veían a mi hijo. Era una mirada limpia cuestionándose el porqué de un mal tan gratuito.
El dolor de ver esas imágenes de mi niño de siete años sufriendo se mezclaba con el orgullo de comprobar cómo se enfrentaba con valor tragándose las lágrimas por dentro y sin apartarle la mirada fija a semejante abusón.

Pregunté indignada dónde podía encontrar a ese sinvergüenza. Ante mi grata sorpresa me señalaron que estaba ahí mismo, a tiro de piedra.
En cuanto vio el dedo apuntando hacia él huyó delatándose cobardemente. Pero debió de recapacitar sobre su nula posibilidad de escapatoria en un pueblo y de día, y al poco apareció de nuevo.

-¿A ti te parece normal lo que le has hecho a mi hijo?,- interrogué desde la calma. Al principio se hizo un poco el loco. Hasta que le amenacé con llevarle el vídeo a la policía y meterle una denuncia. Entonces con voz temblorosa se vino tan abajo que mi pequeño gran hombre intervino para defenderle.
-Vale ya mamá, que estábamos jugando-, alegó a su favor.

Me di cuenta de que se había formado un corrillo de niños a los que probablemente también habría intimidado de mala manera. Y de que mi noble hijo no quería ser el protagonista de aquella desagradable escena con tanto público. 

- ¿A si? ¿Estabais jugando? Pues está bien jugar. Pero hay que medir mucho cuándo se pasa de la diversión al daño, porque el maltrato no le gusta a nadie-, les expliqué. -Así que ya sabéis. Si alguien os hace sentir mal tenéis que decirlo y alejaros de él.

Al final todo se resolvió con un apretón de manos y un pequeño público que se dispersó muy satisfecho tras haber presenciado la indigna metamorfosis de matón a gallina.

Me alegró comprobar que mi hijo no va a sufrir maltratos. Aunque me alegró mucho más comprobar que tampoco va a maltratar a nadie. Ni siquiera por venganza.

Pero me quedé pensando en lo frágiles que son los niños. En lo importante que es hablar con ellos. Darles confianza para que expresen sus miedos. Y sobre todo enseñarles a reconocer y repudiar el maltrato.

Que parece muy obvio, pero no lo es tanto.



Dire Straits- Why Worry Now.