Llevaba mucho tiempo pensando la idea, que no quiero revelar aún, aunque daré una pista: tiene que ver con el título de este post.
¿Quién no ha escuchado decir alguna vez a su madre “me voy a ir a la Cochinchina”? Yo no lo he dicho nunca porque siempre he preferido desahogarme con una hipótesis más real. Por eso es probable que, si algún día desaparezco, mis hijos le digan a la policía que me busque por Brasil.
¿Quién no ha deseado alguna vez en su vida desaparecer? Por algo es el truco de magia más aclamado. Nada por aquí, nada por allá...
A mis hijos les hacía muchísima gracia jugar a eso cuando eran bebés. Yo me escondía detrás del sofá. Ellos se quedaban inmóviles y expectantes. Cuando volvía a aparecer se morían de risa. Creo que es el juego preferido de cualquier bebé. Pero claro, la gracia está en que siempre vuelves a aparecer. Lo contrario desataría un llanto inconsolable.
Ahora que estoy articulando mi serie me doy cuenta de que la aparición y desaparición de los personajes forjan la verdadera estructura de la historia.
Una vez, hablando con mi amiga Montse sobre las relaciones personales, me comentaba con su apacible tono de aceptación que algunas personas aparecen y desaparecen en seguida de nuestras vidas. Otras, en cambio, vienen para quedarse siempre.
Quiero pensar que somos nosotros los que escribimos nuestro propio guión y que tenemos la capacidad para conseguir rodearnos de aquellas personas que no sólo permanecen, sino que nos impiden querer desaparecer.
India Martinez - Corazon Hambriento
https://youtu.be/LohWK3M33LA
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