Hace tiempo un buen amigo me explicaba con convicción científica la teoría de que las mujeres amantes de los gatos eran impenitentes a la hora de escoger la pareja que más les pudiera hacer sufrir.
A continuación expongo sus acertadas teorías:
1. Los gatos, como los tíos egoístas, van a su puta bola. Está demostrado que reconocen perfectamente la voz de sus amos cuando les llaman, pero les ignoran por completo deliberadamente.
Es más. Distinguen perfectamente si tu tono de voz del bis bis es para regañarles por haber hecho algo mal o para ofrecerles algo bueno. En la segunda opción te garantizo que aparecen quemando pezuña derrapando por la esquina del pasillo. En la primera igual un día salen por la puerta y no los vuelves a ver...
2. Los gatos, como los machos alpha que necesitan reafirmar su hombría constantemente, anteponen su instinto cazador a tu sentido de la decencia y el decoro.
Lo bueno de convivir con un depredador así es que al final te endureces.
Este verano mi gata me llamó con su maullido tembloroso de excitación triunfal. Me acerqué resiganda a ver qué había pillado esta vez. Cuando llegué ante sus pezuñas, pude comprobar cómo jugaba maquiavélicamente con un pobre topo agonizante. Le dejaba escapar, pero en el último instante le echaba la zarpa para lanzarlo por los aires como una pelota. Recordé la última lagartija a la que había intentado salverle la vida. Me la encontré tiesa dos días después. Así que esta vez opté por la no injerencia, como EEUU en Siria. Decidí dejarla disfrutar de su trofeo y me fui a hacer la compra. A la vuelta me encontré al pobre topo muriendo entre convulsiones. Ni rastro de la gata. Ya debía de estar diviertiéndose con otro animalillo que aún pudiera escapar de sus garras. No me quedó otro remedio que envolver al topo con una servilleta de papel y pisarle la cabeza para que dejara de sufrir.
Lo que hay que hacer por amor...
3. Los gatos, como los hombres sin medida, te devoran hasta el alma en cuanto les das un poco de confianza.
Pero es que te devoran con tanta dulzura al principio que luego si hay que curarse algún arañazo, pues se cura. Además acabas ejercitando unos reflejos increíbles y al final hasta consigues retirar la mano a tiempo.
4. Los gatos, como los hombres que desafían tus límites, consiguen que al final te acabes adaptando a aceptarles como son.
Conclusión. Si te gustan los gatos, estás sentimentalmete jodida. O si estás sentimentalmente jodida, te gustan los gatos.
Eso sí. La diversión está garantizada. Y si no que se lo digan a mi buena amiga Mónica.




lo del topo fue un acto de amor, como la peli de Haneke no??
ResponderEliminarmuaks!!
Un gran hombre. Qué honor que mi post te haya recordado a él.
ResponderEliminarSuya es la impecable reflexión de que"lo que hacemos por otra persona es más importante que lo que sentimos por ella"