Este verano me enteré del primer episodio de bullyng sufrido por mi hijo de siete años.
Mi pequeño guerrero anduvo bastante suelto por el pueblo, construyendo imaginativas cabañas por los montes, repoblando renacuajos entre bebederos y relacionándose con todos los vecinos, desde el borracho hasta el cura.
Sólo se quejó una vez de que unos amigos le habían hecho el típico conjunto vacío de no te ajuntamos porque queremos que te chinches. En cuanto le sugerí que lo mínimo que se merecían era que nos mostrara dónde ocultaban su cabaña secreta, se apresuró a guiarnos entusiasmado, reconfortándose enormemente con la venganza de esta pequeña traición. Aunque nunca llegaré a saber si aquello que nos enseñó era la cabaña de verdad o el almacén de donde sacaban el material. Desde luego mi desarrollada imaginación sólo alcanzó a ver unas cuantas ramas desperdigadas por el prao.
Pero una tarde, cuando fui a buscarlo inocentemente al parque de La Bolera, unos chicos del pueblo se acercaron a comentarme el terrible episodio que había padecido mi hijo y que tenían grabado en el móvil. Tuve que respirar tres veces para mantener mi estado zen mientras me preparaba para visualizar una de esas secuencias de bullyng que tanto me espeluznaban cuando veía en los telediarios. Sólo que ahora el protagonista era mi propio hijo. Me enseñaron un vídeo donde un adolescente le empujaba monte abajo una y otra vez impidiéndole subir tras haber recuperado su pelota.
Jamás se me olvidarán los ojos de rabia contenida que se le veían a mi hijo. Era una mirada limpia cuestionándose el porqué de un mal tan gratuito.
El dolor de ver esas imágenes de mi niño de siete años sufriendo se mezclaba con el orgullo de comprobar cómo se enfrentaba con valor tragándose las lágrimas por dentro y sin apartarle la mirada fija a semejante abusón.
Pregunté indignada dónde podía encontrar a ese sinvergüenza. Ante mi grata sorpresa me señalaron que estaba ahí mismo, a tiro de piedra.
En cuanto vio el dedo apuntando hacia él huyó delatándose cobardemente. Pero debió de recapacitar sobre su nula posibilidad de escapatoria en un pueblo y de día, y al poco apareció de nuevo.
-¿A ti te parece normal lo que le has hecho a mi hijo?,- interrogué desde la calma. Al principio se hizo un poco el loco. Hasta que le amenacé con llevarle el vídeo a la policía y meterle una denuncia. Entonces con voz temblorosa se vino tan abajo que mi pequeño gran hombre intervino para defenderle.
-Vale ya mamá, que estábamos jugando-, alegó a su favor.
Me di cuenta de que se había formado un corrillo de niños a los que probablemente también habría intimidado de mala manera. Y de que mi noble hijo no quería ser el protagonista de aquella desagradable escena con tanto público.
- ¿A si? ¿Estabais jugando? Pues está bien jugar. Pero hay que medir mucho cuándo se pasa de la diversión al daño, porque el maltrato no le gusta a nadie-, les expliqué. -Así que ya sabéis. Si alguien os hace sentir mal tenéis que decirlo y alejaros de él.
Al final todo se resolvió con un apretón de manos y un pequeño público que se dispersó muy satisfecho tras haber presenciado la indigna metamorfosis de matón a gallina.
Me alegró comprobar que mi hijo no va a sufrir maltratos. Aunque me alegró mucho más comprobar que tampoco va a maltratar a nadie. Ni siquiera por venganza.
Pero me quedé pensando en lo frágiles que son los niños. En lo importante que es hablar con ellos. Darles confianza para que expresen sus miedos. Y sobre todo enseñarles a reconocer y repudiar el maltrato.
Que parece muy obvio, pero no lo es tanto.
Dire Straits- Why Worry Now.
Los niños... Esos seres tan indefensos, inocentes y vulnerables, que algunos por genética y carácter heredado son capaces de herir y machacar a otro. No todos los niños son iguales, influye mucho "lo que tienen detrás". Conociendo a su progenitor sabrás cual es su "valor". Me consta y confiaría en tu pequeño, no puede ser malo, porque la madre que lo alumbró no puede ser mas buena...
ResponderEliminarMe encantó el post. Me alegro que terminara bien, solo que yo hubiera hablado con los padres enseñándoles dicho video. Muchos piezas son de "mi hijo no hace eso"...