Hace poco, alguien a quien no quiero juzgar, me dijo que las personas malas sólo recuerdan lo malo y las buenas se aferran a lo bueno. Yo creo que esta cualidad diferencia más bien a los optimistas de los pesimistas. Y que el mayor hijo de puta del mundo puede tener una gran capacidad para recordar lo bueno.
Lo que nos hace buena gente es básicamente nuestra capacidad de perdonar:
CULTIVO UNA ROSA BLANCA
Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.
(José Martí)
Yo como soy optimista, buena gente y no tengo abuela, me apunto a todo. Perdono siempre a todos, empezando por perdonarme a mi misma. Pero también me aferro como una perrilla a los buenos recuerdos. Por eso no deja de asombrarme mi capacidad mental para recordar con todo tipo de detalle los buenos momentos y nublar de confusión los malos.
Uno de los primeros me transporta al Polideportivo de mi colegio. Nada más entrar por la puerta, antes de ir al vestuario, echábamos un vistazo rápido para comprobar si la colchoneta naranja que usaban para entrenar salto de altura estaba arrinconada bajo las gradas. Si era así corríamos a cambiarnos a toda velocidad para poder ir a saltar antes de que empezara la clase de gimnasia.
Trepábamos como podíamos gradas arriba con nuestros playeros Crube ayudándonos unas a otras. Maite, Marta, Camino, Diana, Carmencita, Gema. La verdad es que siempre la armábamos las mismas. Al fin y al cabo sabíamos que éramos el ojito derecho de Azpeitia y que siempre se hacía un poco el tonto antes de regañarnos (más porque se dañara la colchoneta que por poder lastimarnos).
Quizás ese alguien del principio, a quien no quiero juzgar, tenga parte de razón y resulte que los buenos recuerdos nos sirven de colchón para ayudarnos a perdonar. A reconocer que la vida está hecha de momentos y que no merece la pena perder el tiempo señalando víctimas y culpables. Sólo hay que intentar seguir disfrutando, sin miedo al aterrizaje.
Desde luego lo que sí ayuda es tener “amigos colchoneta”, de esos que te apoyan a subir, saltan contigo, te hacen reír cuando te resientes dolorido por una mala caída y te miran orgullosos aliviando las consecuencias negativas de tus actos porque saben que al menos lo has intentado con todo tu valor y honestidad.
Perdonemos también a los que sólo saltan para ver si son capaces de romper la colchoneta, aunque a esos jamás podremos considerarlos amigos.
Elton John - Sorry Seems To Be The Hardest Word
https://youtu.be/epJXMOYevH4
Cada vez que voy al poli, ahora como madre de alumno, miro a ver si está la colchoneta.... Menos mal que no, o no se que pasaría..... ;)
ResponderEliminarPor cierto, se está rifando un post y hay uno que tiene toooodas las papeletas....
ResponderEliminarBua que grandes momentos. También me acuerdo que nos echaron de tenis (por Buenas claro) y acabamos en judo. Oye!! Siempre podremos decir que somos cinturón blanco - amarillo y sabemos hacer el osoto Gari (esencial para andar por la vida) 😉
ResponderEliminarOsoto Gari! Cuantas veces lo he usado en la vida! Menos mal que lo aprendimos correctamente!
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